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CANDOR INFANTIL

Candor Infantil

La palabra “cándido” es una expresión que el hombre en su manera de hablar superficial e irreflexiva suele emplear impropiamente la mayor parte de las veces.

Restringida por la pereza espiritual, la expresión no es sentida con la suficiente profundidad como para poder comprenderla correctamente. Claro que quien no la haya captado en toda su extensión, tampoco podrá emplearla jamás como es debido.

Mas, es justamente el candor infantil lo que tiende al hombre la sólida escala de ascensión hacia las Alturas luminosas, hacia la posibilidad de madurar para todo espíritu humano y hacia el perfeccionamiento con miras a una existencia eterna en esta Creación, que es la mansión de Dios Padre, puesta por Él a disposición de los hombres a condición de que continúen siéndole huéspedes gratos. Huéspedes que no causen daños en los aposentos que por un acto de gracia les fueron entregados en usufructo con la mesa siempre puesta y siempre abundante.

¡Mas cuán lejos se halla actualmente el hombre de ese candor que tanto precisa!

Y es que sin él nada puede conseguir para su espíritu. El espíritu tiene que poseer candor, pues aun adquiriendo plena madurez, es y seguirá siendo un “niño” de la Creación.

¡Un niño de la Creación! Esta expresión encierra un profundo sentido; pues llegar a serlo, llegar a ser un “niño” de Dios es su misión. El que lo logre o no, depende del grado de madurez que esté dispuesto a adquirir en el curso de su peregrinación a través de todos los planos de la materialidad.

Ahora bien, esta disposición de ánimo tiene que ir acompañada de la acción. En los planos espirituales, la voluntad es simultáneamente acto. Voluntad y acto son allí la misma cosa. Pero sólo en los planos espirituales y no en los planos de la materialidad. Cuanto más denso y grave es un plano material, tanto más dista el acto de la voluntad que lo engendra.

Que la densidad constituye un obstáculo, se hace patente ya en el sonido, el cual, en su movimiento a través de la materia, resulta impedido en mayor o menor grado según lo densa que ésta sea. Incluso a cortas distancias puede advertirse claramente este fenómeno.

Cuando alguien está haciendo leña o clavando puntas en una obra cualquiera, puede verse claramente el movimiento del hacha o del martillo; en cambio, el sonido de los golpes tarda algunos segundos en llegar a nuestros oídos. Cualquiera habrá tenido ocasión de observar este fenómeno tan notorio.

Cosa análoga, pero mucho más acentuada, ocurre en la Tierra entre la voluntad y la acción del ser humano. La voluntad asalta al espíritu; en él se convierte inmediatamente en acción. Pero para que la voluntad se ponga de manifiesto visiblemente en la materialidad densa, el espíritu precisa del cuerpo físico. Sólo por impulso puede actuar el cuerpo a los pocos segundos de entrar en acción la voluntad. En este caso queda eliminado el trabajo lento y pesado del cerebro anterior que generalmente es quien sirve de vía de comunicación a la voluntad, para que ésta llegue a causar efecto en la actividad del cuerpo.

Esta vía normal exige un lapso de tiempo un poco más largo. A veces sólo se produce un efecto débil o ni siquiera llega a producirse efecto alguno, debido a que la volición, en su largo camino, ha perdido fuerza o ha quedado bloqueada por las cavilaciones del intelecto.

A este respecto, aunque sea un tanto fuera de lugar, permítaseme una observación acerca de la Ley natural de la atracción de las afinidades, de cuyos efectos se ha hecho caso omiso, a pesar de ser claramente visibles en la actividad humana:

Las leyes humano-terrenales son elaboradas y aplicadas por el intelecto. De aquí que los planes premeditados, es decir, los actos precedidos de una reflexión, sean sancionados con mayor rigor y severidad que los actos pasionales, es decir, sin reflexión. En la mayor parte de los casos, estos últimos son juzgados teniendo en cuenta circunstancias atenuantes.

En realidad existe aquí en afinidad con la actividad del intelecto sometido a las Leyes de la Creación, una relación imperceptible para los hombres, para todos aquellos que se someten incondicionalmente al intelecto. Para ellos esto es totalmente comprensible.

De este modo, sin conocer esta relación, cuando se trata de un acto pasional, la mayor parte de la pena se adscribe al plano espiritual. Los legisladores y los jueces ni lo presienten, pues parten de principios muy distintos, netamente intelectuales. Mas reflexionando profundamente y conociendo las Leyes que actúan en la Creación, todo se presenta bajo una luz completamente diferente.

No obstante, y lo mismo en otros juicios y sentencias terrenales, las Leyes vivientes de Dios en la Creación actúan de por sí con plena autonomía, sin que influyan en ellas para nada las leyes y conceptos humano-terrenales. ¡A ningún hombre sensato se le ocurrirá pensar que una culpa real y verdadera – no una culpa tildada como tal por el criterio humano – pueda darse por liquidada ante las Leyes divinas por el hecho de haber sido expiada ya mediante el cumplimiento de la sentencia dictada por el intelecto terrenal!

Desde hace miles de años éstos vienen siendo prácticamente dos mundos separados. Separados por el modo de obrar y de pensar de los hombres, debiendo haber sido sólo uno; un mundo donde reinen únicamente las Leyes de Dios.

La redención mediante la pena impuesta por semejante sentencia terrenal sólo puede realizarse en la medida en que las leyes y penas concuerden con las Leyes de Dios en la Creación.

Ahora bien, existen dos clases de actos pasionales. En primer lugar los ya descritos, que en realidad deberían llamarse actos impulsivos, y, por otra parte, los actos pasionales que surgen del cerebro anterior, mas no del espíritu, y que pertenecen al sector del intelecto. Cierto que estos últimos son actos pasionales sin reflexión, pero no deben ser tratados con la aplicación de los mismos atenuantes que tratándose de los actos impulsivos.

No obstante, una justa distinción entre estos actos podrán encontrar aquí solo aquellos hombres que conozcan todas las Leyes de Dios en la Creación y estén instruidos en sus efectos. Esto ha de quedar reservado a tiempos venideros en que ya no existan en los hombres los actos arbitrarios, por haber adquirido una madurez espiritual tal que sólo les permita vibrar en armonía con las Leyes divinas en todos sus actos y todos sus pensamientos.

Este paréntesis sólo pretende incitar a la reflexión; no forma parte del fin propiamente dicho de esta conferencia.

Queda advertido tan sólo que voluntad y acción son una sola cosa en el plano espiritual, pero que en los planos materiales se disocian en razón de la naturaleza de la materia. Por eso dijo Jesús a los hombres en aquel tiempo: “El espíritu está pronto, pero la carne es flaca.” La carne, en nuestro caso la materia densa del cuerpo, no lleva a efecto todo lo que en el espíritu ya fue voluntad y acción.

No obstante, incluso en su vestidura de materia densa aquí en la Tierra, el espíritu podría obligar a su voluntad a que se manifieste, convirtiéndose en acción en el plano material, si no fuese tan indolente para ello. El espíritu no puede hacer responsable al cuerpo de esta indolencia; pues el cuerpo le fue dado al espíritu solamente como instrumento, y es él quien tiene que aprender a dominarlo para servirse de éste de manera adecuada. –

Decíamos, pues, que el espíritu es un niño de la Creación. Y que ha de poseer candor, si es que quiere cumplir con la finalidad que le ha sido asignada en la Creación. La presunción orgullosa del intelecto le apartó del candor, porque no pudo “comprenderlo” en su verdadero sentido. De este modo, el espíritu ha perdido todo apoyo en la Creación, la cual se ve obligada ahora a expulsarlo como elemento extraño, perturbador y nocivo, a fin de poder conservar su propia salud.

Sucede, pues, que los hombres van cavando su propia tumba a fuerza de proseguir en su errada forma de pensar y de obrar. –

Es curioso que cualquier adulto deseoso de experimentar verdaderamente la Navidad tenga que trasladarse primeramente al tiempo de su niñez.

¡Es éste un testimonio bastante claro de que, como adulto, es incapaz de vivir la Navidad con sensibilidad espiritual! ¡Es la prueba neta de que ha perdido algo que poseía cuando niño! ¿Por qué no da que pensar esto a los hombres?

Una vez más es la pereza espiritual la que impide ocuparse seriamente de estos asuntos. “Eso son cosas de niños”, dicen; “los adultos no deben perder el tiempo en ellas. Deben pensar en cosas más serias.”

¡Cosas más serias! Para ellos esas “cosas más serias” se reducen a la codicia de bienes materiales, es decir, al trabajo del intelecto. Tan pronto se le da cabida al sentir intuitivo, el intelecto rápidamente aleja y reprime los recuerdos, con el fin de no perder su preponderancia.

En todos estos detalles aparentemente tan insignificantes podrían reconocerse cosas de suma importancia, si el intelecto concediese tiempo para ello. Pero él es el que ahora posee la supremacía, y por conservarla, lucha con toda astucia y perfidia. Mejor dicho, no es él quien realmente lucha, sino lo que se oculta tras él, convirtiéndolo en su instrumento: ¡las tinieblas!

Su afán es no dejar encontrar la Luz en los recuerdos. Pero hasta qué puntoel espíritu aspira encontrar la Luz y beber nuevas fuerzas en sus fuentes, salta a la vista en el hecho de que, al surgir el recuerdo de la Navidad cuando niño, se despierta una vaga nostalgia, casi dolorosa, que a muchos hombres llega a ablandar el corazón pasajeramente.

Este enternecimiento podría muy bien llegar a ser la base del despertar espiritual si fuese aprovechado inmediatamente con toda energía. Pero, desgraciadamente, los adultos lo único que hacen en tales ocasiones es dejarse llevar por sus sueños, desperdiciando así la fuerza surgida. Y con sus sueños se va también la ocasión sin haber sido aprovechada ni haber traído beneficio alguno.

Es más, cuando alguien siente que se le escapan las lágrimas, se avergüenza de ellas y trata de disimularlas, se obliga a dominarse dándose un empujón que con frecuencia pone al descubierto una obstinación inconsciente.

¡Cuánto podría aprender el hombre de todo esto! No en vano se mezcla una vaga melancolía en los recuerdos de la infancia. Es la intuición inconsciente de que algo se ha perdido dejando un vacío, la incapacidad de volver a sentir intuitivamente con aquel candor infantil.

Pero vosotros, seguramente, ya habéis observado repetidas veces el efecto maravilloso y reanimador que produce la mera presencia silenciosa de un hombre cuyos ojos desprenden aquí y allá candorosos destellos.

El adulto no debe olvidar que candor no es lo mismo que puerilidad. Vosotros no sabéis aún lo que es el candor en definitiva, ni a qué se debe que obre de tal manera. Ni por qué Jesús dijo: “Sed como los niños”.

Para comprender lo que es candor debéis poneros primeramente en claro que éste no tiene por qué estar ligado a la infancia como tal. Sin duda conoceréis niños que carecen de este candor verdaderamente hermoso. Es decir, hay niños sin candor. Un niño malo jamás dará impresión de candor, como tampoco un niño mal educado, o mejor dicho, sin educación.

Resulta, pues, que el candor y la condición de niño son dos cosas independientes la una de la otra.

Lo que aquí en la Tierra se califica de candoroso es una ramificación de los efectos de la Pureza. Pureza en el sentido más elevado, no en el sentido meramente humano-terrenal. El ser humano que vive en la luz de la Pureza divina, que da cabida en sí mismo al rayo de la Pureza, adquiere de hecho candor infantil, ya sea niño o adulto.

El candor infantil es el fruto de la pureza interior o el signo de que un ser humano se ha entregado a la Pureza, se ha hecho su siervo. Todo esto no son sino diversas formas de expresión con las que, en realidad, se designa una y la misma cosa.

Por consiguiente, sólo el niño que sea puro en sí puede actuar con candor, como también el adulto que abrigue la Pureza en su interior. ¡Por eso, su presencia refresca y vivifica, por eso inspira confianza!

Y allí donde reside la Pureza verdadera puede albergarse también el Amor auténtico; pues el Amor divino obra a través del rayo de la Pureza. El rayo de la Pureza es la senda por la que camina el Amor. No le sería posible seguir otra.

¡Quien no haya dado entrada en sí al rayo de la Pureza, jamás será alcanzado por el rayo del Amor divino!

El hombre, empero, al apartarse de la Luz por el desarrollo unilateral de su pensar intelectual, en provecho del cual ha sacrificado todo lo que podía elevarle, se ha privado a sí mismo del candor, quedando sujeto a esta Tierra, es decir, a la materia densa, por miles de cadenas que le tendrán cautivo en tanto no se libere él mismo de ellas. Pero su liberación no llegará con la muerte terrenal, sino únicamente con el despertar de su espíritu.

Abd-ru-shin

https://mensaje-del-grial.org/candor-infantil-110/

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HACER EL BIEN

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Quién lleva en sí la firme voluntad de hacer el Bien
y se esfuerza en investir de Pureza sus pensamientos,
ya ha encontrado la senda que conduce hacia el Altísimo.

Todo lo demás le será otorgado por añadidura.

Abd-ru-shin
Mensaje del Grial

Pequeño extracto de la Obra Eterna “En la Luz de la Verdad”
Publicaciones Hispanas del Grial Stuttgart-Alemania.

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NAHOME (3)

 

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NAHOME 3

 

Sabía perfectamente bien que todos los que compartían su opinión se callarían por el cálculo y la precaución. Por lo tanto, esta vez nuevamente, se encontró solo con el firme deseo de expresar la fuerza de su convicción y actuar en consecuencia.

Se sumergió en el cálculo de sus estrellas para encontrar una explicación, una enseñanza y consejos sobre la naturaleza inusual de este festival. Sólo más tarde examinaría la pregunta cuidadosamente.

Hoja tras hoja, desenvolvió su papiro con una escritura apretada, escribió, computó y dibujó, luego permaneció allí, perdido en sus pensamientos. Se le permitió reconocer más y más cosas. Consultó su propia carta astrológica y la del faraón para comparar los signos. Un oscuro destino flotó sobre la Casa del Soberano: fue amenazado por enemigos poderosos.

Sus propios aspectos mostraron una posición similar. Si pudiera transformarlos en conocimiento, podría alcanzar un alto poder espiritual.

Había reconocido tan claramente las influencias de la radiación de las estrellas que, con la ayuda de muchas reglas antiguas desde el momento en que sus antepasados ​​adoraban a la Luz, pudo descubrir relaciones maravillosas. Para hacer esto, faltaban muchas cosas hasta entonces. Pero ahora, parecía como si una venda de misterio hubiera sido quitada repentinamente de sus ojos y una esquina hasta entonces oscura y cerrada se abriera en él.

¡Y la luz estaba en su mente! Todavía no sentía todos los informes o la clave de todos estos eventos, pero fue penetrado con un ardiente deseo de investigación. Le parecía que su ciencia ahora se había convertido en un servicio de Dios.

Así es como los seres eternos construyeron un círculo puro de Luz para recibir la pequeña flor humana que pronto abriría sus ojos a la luz de la Tierra.

El sacerdote de Isis volvió a pensar intensamente en la mujer que aún no había nacido. La luz que había visto claramente sobre la joven madre era para él una nueva prueba de que se estaba preparando algo grandioso aquí.

Y abrió el libro “Aloe” para estudiar los signos de este último.

Allí vio la caída del linaje del gobernante, así como el surgimiento de un espíritu en la fuerza de una nueva Luz. La aparición luminosa cuando Aloé llegó al templo formó el punto de partida para los cálculos que le indicaron que los signos de Aloe eran en ese momento los mismos que en el momento de la fiesta de ese día. día: un rayo de fuerza desde las alturas celestiales en la Casa de los Niños. Se dio cuenta de que, en este caso, la influencia provenía de una estrella que aún no conocía, ya que no podía verla con sus ojos terrenales. Esta estrella debía enviar a la tierra grandes vibraciones espirituales, y la prosperidad del niño por venir debía ser confiada a él.

Amon-Asro reconoció que él, Aloé y Nanna eran los únicos que habían sido favorecidos, criados y atraídos a la atención de las corrientes de las estrellas cuando el sol estaba en el cenit durante la fiesta. Todos los otros sacerdotes que tenían autoridad solo podían sentirlos como un obstáculo; Les era imposible entenderlos. En cuanto a la sacerdotisa que estaba a cargo de anunciar lo que Isis estaba diciendo, ella estaba en esta hora decisiva bajo el signo de oscurecimiento.

Así, gracias a la radiación de las estrellas, al sabio sacerdote Amon-Asro se le permitió prever la llegada de un gran punto de inflexión.

Nanna trabajó diligentemente en la princesa. Impactada aún por la profunda experiencia que había experimentado durante el festival de Isis,ella se volvió cada vez más clarividente y clarividente para los eventos que iban a suceder en esta Tierra. Ella le informó al sacerdote lo que le fue revelado en palabras e imágenes, y lo comparó con sus esquemas astrológicos. Sin embargo, la imagen de un evento importante, tanto espiritual como terrestre, salió más claramente para Egipto.

Era el momento en que las aguas del Nilo se elevaron y se convirtieron en olas impetuosas. La isla sagrada estaba rodeada de grises y borboteantes remolinos. Velada por muchas nubes, la luz de los rayos del sol flotaba, suave y cálida, sobre la superficie de las aguas. Vapores finos y sofocantes pasaban sobre la parte superior de los árboles, como si los seres esenciales quisieran tejer con sus ágiles dedos velos de un gris luminoso para esconderse de los ojos del mundo, algunos se volvieran puros y misteriosos. Las olas se levantaron tanto que llegaron al nivel de las habitaciones. Las hermosas columnas y las galerías exteriores solo emergieron a medio camino sobre el agua.

En los pasillos sagrados y los largos pasillos de la casa de las mujeres, iban y venían pasos discretos, ocupados, mientras que en el templo había una hora de oración silenciosa ante la estatua dorada de la Madre Sagrada. La paz reinó sobre el templo de Isis.

Los pájaros cantaban suavemente en los árboles; A través de las galerías abiertas, sus voces seductoras y encantadoras llegaron a la mujer que, ansiosa y sin embargo llena de alegría, estaba en los dolores del parto. Ella tenía enfermeras fieles a su lado, mujeres útiles y un médico experimentado.

 

La actividad del Amor Sagrado de Dios y Su Voluntad se manifestó. Todos los seres pudieron sentirlo, y se regocijaron, porque una flor pura acababa de nacer en este mundo: era para traer la salvación a todas las mujeres y anclar la pureza y fidelidad de la Luz, para que ellas Evolucionar nuevamente en la Tierra según la Voluntad de Dios. Una oración hecha en la eternidad iba a ser contestada.

La naturaleza floreció. Isis, la Madre sagrada, preparó el terreno para que Astarté pudiera descender nuevamente.

Todas las fuerzas de ayuda de la Luz podrían entrar en contacto con la Tierra, ahora que la Pureza se encarnó en un cuerpo terrestre. Canciones de alegría resonaban a través de las esferas.

El sacerdote Amon-Asro se acercó a la cama de la princesa Aloe. Fue el primero en poner su mano en la pequeña cabeza cubierta con un cabello espeso y sedoso que apenas emergió del delicado lino blanco. La madre sostuvo a su hijo en sus brazos con profunda alegría.

“¡No lo dedicaré a Isis, princesa!”, Dijo Amon-Asro. “Ella pertenece a una fuerza superior que quiero reconocer primero. Escribamos las fórmulas que son indispensables para que los sacerdotes estén satisfechos; una ceremonia en el templo es inevitable, pero puede llevarse a cabo más tarde y con la mayor discreción “.

Luego, en voz baja, le dijo a Nanna:” El bienestar de la madre y el niño ahora debe ser nuestra primera preocupación Quédate constantemente con la princesa, incluso de noche “.

Aloe estaba tan cansada que no podía levantar la cabeza. Con una simple sonrisa, ella agradeció al sabio sacerdote por su bondad paterna. Tan pronto como él salió de la habitación, ella cerró los ojos. Un sueño profundo y reparador envolvió a la madre y al niño.

Las aguas del Nilo habían alcanzado su nivel más alto; Sus aguas rugieron, ondeando sus oscuras olas. El río permitía un intenso comercio y era la ruta de comunicación más importante, que conectaba el sur con el norte hasta el mar.

 

Las canciones se elevaban; también se escucharon en las apacibles habitaciones donde las mujeres del templo de Isis rodeaban a la pequeña Nahome y a su madre con una solicitud cariñosa. Los barcos ricamente decorados pasaron las olas arremolinadas frente al templo.

Como monstruos, grandes cadáveres de animales, elefantes, búfalos y rinocerontes, rodados en las aguas grises y espumantes. A lo largo de las orillas, los pescadores capturaron muchos botines valiosos que habían sido arrancados de su dueño. Pasaron también convoyes de soldados y muchos barcos llenos de prisioneros.

Las almas bendecidas empezaron a reconectarse gradualmente con el ritmo de la vida terrenal que surgió de las olas del Nilo.

Nahome la hija de la Luz, pronto despertaría al sufrimiento terrenal; Poco tiempo después, en una felicidad de grandeza mágica, ¡esta delicada niña dejaría su pequeña y prístina corte para ser criada en el sol resplandeciente de un Reino divino!

Con ojos ardientes, Amon-Asro se apoyaba día y noche en su papiro. Una fuerza irresistible lo empujó a examinar el destino de la niña. En efecto, a él le parecía que tenía una alta misión.

Estaba tan impresionado por este incomprensible impulso interior que ningún crítico intelectual podía acercarse a él.

Sin embargo, no olvidó ninguno de sus deberes como sumo sacerdote de Isis. Era severo y justo, y amable y amable con todos los que estaban subordinados a él. Fue un verdadero padre, asesor y amigo, pero también uno de los más conocedores y experimentados en política, religión y ciencia. Amon-Asro no tuvo tiempo para pasar la noche durmiendo. Fue precisamente en la calma nocturna que se permitió el trabajo que tuvo éxito durante el día.

Ahora iba a estudiar una vida cuyo origen estaba en alturas inaccesibles para su comprensión. ¡Cuánto se volvió modesto el sabio cuando observó en un cuadrado cruzado por líneas finas los signos de las estrellas dentro de los límites de su conocimiento y cuando dibujó círculos y calculó los aspectos!

Arriba, en Midheaven, había un hermoso sol que dibujaba de azul y al que añadía rayos dorados. Pudo ver signos, que su estilo inscribió bajo la restricción del momento, pero cuyo significado se le escapó por completo. Sin embargo, estos signos se asemejaban a las formas caldeas que representaban el sol, la luna y las estrellas, y cuyo carácter y resplandor se expresaban en figuras geométricas. Totalmente absorto en la vibración de estas leyes de radiación, reconoció muchas cosas que lo hacían ver nuevas formas.

Gracias a la inamovible lógica proporcionada por el tema del nacimiento de un niño de pocos días, encontró al único Dios, encontró el camino a Dios y se arrodilló ante él en una respetuosa oración a Dios con gratitud

Pero había alguien que no veía con un ojo benevolente la grave y sagrada actividad del sumo sacerdote. Fue Jech-tû, el segundo sacerdote, quien consideró la vida con los ojos de la ambición terrenal.

Tenía la reputación de ser uno de los mejores magos de Egipto y, según él, sus fuerzas le confirieron el derecho de reinar sobre la religión y el reino. Odiaba a el Faraón y, en general, odiaba todo lo que poseía poder fuera de él. Ahora, como él mismo tenía solo un campo de acción limitado en la soledad de su templo, era presa de la agitación continua. Quería actuar para ser considerado a toda costa, para ser poderoso y tener influencia siempre que sea posible. Es por eso que, tan pronto como tuvo la oportunidad, se insinuó en todos los círculos egipcios y retrocedió de la nada.

Solo tenía un enemigo, pero peligroso y casi tan poderoso como él, y además, deslizándose como una anguila. Era amigo del faraón y su nombre era Eb-ra-nit.

Desde la fiesta de Isis, Jech-tû también observó hasta altas horas de la noche en su estudio. Mientras reflexionaba, desenrolló el papiro sobre el papiro y repasó todas sus obras compiladas con inteligencia para encontrar explicaciones sobre el fracaso total de los experimentos que generalmente podía lograr con facilidad.

La profunda arruga entre sus cejas se estaba haciendo cada vez más profunda y el pliegue alrededor de sus labios delgados y pellizcados se estaba volviendo amargo. Su ojo negro y penetrante, que generalmente brillaba con el entusiasmo de su propio conocimiento, se había oscurecido y miraba desde abajo. Su cabeza estrecha y alargada, su cabeza afeitada y brillante, sus orejas bastante largas y ligeramente puntiagudas, estaba doblada como si estuviera bajo el peso de una opresión invisible pero pesada.

Sus luchas intelectuales por una causa que solo podía entenderse a través de una sabiduría superior eran dolorosas y difíciles. ¿Cuál fue el punto de su conocimiento pretendido y toda su ciencia? Él nunca podría forzar la llave para el enigma de esta fiesta de Isis, y esa llave tampoco podía ofrecérsele porque se estaba encerrando en la Fuerza Divina.

Pero Jech-tu no lo sabía. Buscó a tientas en la oscuridad y se perdió en conjeturas, todo más fantasioso que los demás. Finalmente, se encontró al borde de la desesperación. Solo conocía a uno que podía iluminarlo: era Amon-Asro. Sin embargo, su terquedad, su orgullo y su vanidad le impidieron dirigirse a él.

Como una bestia de presa al acecho, merodeaba por los aposentos de la princesa. Ella lo avergonzaba considerablemente. Ya se había opuesto con todas sus fuerzas a que ella asistiera a la fiesta de Isis. Y ahora, él estaba tratando de hacerla responsable de la “interrupción de la fiesta”. Cada vez sospechaba más de Aloe, y era bueno para las mujeres que no tenía órdenes de dar y que en ese momento los sacerdotes tenían prohibido salir del país. Isla de Isis. En el templo, estos estaban sujetos a reglas estrictas.

Nanna, que estaba constantemente vigilante, también vio acumularse esta nube amenazadora, y ella advirtió al sumo sacerdote de Isis.

“Lo sé, Nanna, pero no puedo evitarlo. Él nunca lo entendería. Si quisiera iniciarlo con el más alto conocimiento del espíritu y la fuente original de toda la vida, que él alimenta constantemente pero sin usarlo, usaría este conocimiento solo como un arma contra nosotros. porque se vuelve cada vez más oscuro.
Continuaré guiándolo amablemente, y quizás al menos le pueda ahorrar una caída profunda. ” La voz de Amon-Asro era seria. Nanna lo miró con tristeza.

“Solo me preocupo por la princesa y la niña, en caso de que él comparta sus sueños con los otros sacerdotes”.

“No hay nada que temer de ese lado, Nanna. Algunos son demasiado vanos para confiar en sus palabras. En cuanto a los demás, son demasiado puros y se adhieren a mi explicación. Ten paciencia, Nanna, y por tu parte no cometas el error de querer obstaculizar la evolución de las cosas por un exceso de solicitud.

Piensa que el cambio importante en todos los dominios, que me anuncia la posición de nuestras estrellas, genera conflictos y los desata.

Estos son signos tempranos que crecerán. Los que caminan en el camino de Aquel que viene deben pasar por la sangre y el sufrimiento, el peligro y la muerte “.

Nanna sabía que Amon-Asro también la contaba entre ellos. Ella aceptó con gratitud la lección que le acababan de dar, así como la reprimenda que él le había dirigido, y ella los mantuvo en lo más profundo de su corazón.

Las lluvias incesantes se detuvieron, al igual que las tormentas que retumbaron repentinamente. Las olas cayeron, al principio de manera imperceptible, luego más y más rápido. En las orillas del río, los fuegos sagrados ardían como un signo de alegría y gratitud; canciones de alabanza se elevaron a los cielos y se dirigieron al Nilo, el padre sagrado, que había ofrecido al país su limo fértil.

Dulce y tenaz, un olor a pescado extendido sobre los jardines. Una brisa fresca del norte alejó estos olores. Los árboles con troncos cubiertos de limo emergieron nuevamente de las olas y los arbustos enderezaron lentamente sus ramas que se inclinaban hacia el suelo. Las raras lluvias que seguían cayendo los libraron del barro que los pesaba. En la isla, los hombres y los animales se regocijaron con su nueva libertad de movimiento.

Aloé pasó sus días con su hija en los hermosos y tranquilos jardines, con Nanna como una fiel compañera y amiga a su lado.

Nahome creció visiblemente. Al principio, sus ojos tenían la expresión radiante que proviene de saber que la boca de una niña no puede expresar, ya que es con la posibilidad de hablar que la memoria del origen espiritual comienza a desvanecerse. . En la actualidad, sus ojos radiantes sin duda conservaron su brillo misterioso, pero adquirieron una expresión de madurez con asombrosa rapidez.

El pequeño cuerpo respiraba tranquilo porque, en lugar de estar envuelto como una momia, como era habitual, estaba vestido con telas finas y ligeras que lo mantenían caliente sin obstaculizarlo. Los miembros de la niña, perfectamente sanos a pesar de su extrema delicadeza, estaban constantemente en movimiento, y a veces sus brillantes ojos dorados parecían percibir algo muy especial y maravilloso.

Es probable que Nahome todavía viera las entidades luminosas que, en los primeros días después de su nacimiento, llenaron la casa y el jardín y estuvieron constantemente alrededor de ella y su madre; estos eran los amigos que el amor del Señor le había dado en esta tierra gris.

Seguirá….

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MARÍA MAGDALENA (7)

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MARIA MAGDALENA (7)

 

María sonrio. Sus ojos tenían una expresión de deleite: parecían ver el mundo brillante del espíritu. La Fuerza de Irmingard lo precedió, y en sus rayos su espíritu se elevó en las regiones de paz eterna donde buscó el Reino del Hijo.

Una sombra pasó ante sus ojos, luego se fijaron.

Ningún grito de dolor se escuchó en la habitación. Sólo las oraciones fervientes y la gratitud ardiente surgieron y acompañaron al espíritu liberado de la madre de Jesús.

Unas semanas más tarde, María Magdalena pudo, una vez más, ver espiritualmente a la que había dejado esta Tierra: parecía más clara, más radiante. Como un aliento fresco, finos y dorados rayos emanaban del velo blanco que cubría su cabeza. Y María dice:

“Mi nostalgia y mi ardiente deseo de servir me han hecho subir. Fiel, severo e intransigente, el amor de Juan me ayudó mucho.

El portal del Reino de la Paz se abrió con un sonido melodioso. Subí más alto en la corriente de rayos dorados que la Lilia ha enviado con una pureza cristalina.

Reconocí que tenía que madurar a través del sufrimiento terrenal porque estaba destinado a estar con el Salvador. Hice esta misión solo en la primera parte de su juventud, pero no después. No me rendí ni a lo viejo. A pesar de todo, se me permitió levantarme después de que, a través del dolor, me abrí de nuevo a la Luz. Me queda poco por desatar.

Sin embargo, también se me muestra una imagen del futuro: la actitud incorrecta de los espíritus humanos que se aferran a mí al adorarme podría obstaculizarme. Pero ya estoy protegido de sus consecuencias perjudiciales. Lirios y rosas florecen en una luz dorada. Puedo ver en la distancia, en las alturas más sublimes, las brillantes cumbres de una mansión dorada. Los espíritus primordiales me envolvieron en una capa protectora. Así que no puedo alcanzarlo, y estoy esperando el momento en que pueda liberarme porque, desde la Luz, se me ha anunciado:
¡a María de Nazaret se le permite liberarse sirviendo una vez más! ”

Esto es lo que se anunció espiritualmente a María Magdalena con María la madre de Jesús. Entonces el curso de los acontecimientos la arrastró al mundo.

Como había hecho muchas veces antes, caminaba sola en el espeso polvo de los estrechos senderos a la luz clara del sol cegador.

Evitó los caminos anchos de los romanos, así como los caminos donde conoció a mucha gente. Comenzó su peregrinación temprano en la mañana y, tan pronto como se presentó la oportunidad, descansó a las horas en que el sol estaba alto en el cielo. Ahora que no necesitaba nada, no llevaba mucho con ella y se alojaba con aquellos que estaban listos para darle la bienvenida.

María Magdalena se había liberado; nada terrenal pesaba más en ella. El momento en que se preocupó por algo estaba muy lejos. Solo en su mente vivía la voluntad de ir a la Luz, el amor por Jesús y la alta misión que era suya y que era llevar Su Palabra a los humanos.

Una luz la precedió, y María Magdalena la siguió con confianza, porque pensó en lo que le habían dicho:

“¡Debes seguir el espíritu y no sabrás dónde descansarás por la noche!”

Como una niña que deja que su padre la guíe, ella se dejó guiar por este rayo. Sin embargo, permaneció vigilante y eficiente, lo cual era necesario en el plano terrenal, porque los tiempos se volvieron cada vez más peligrosos y problemáticos.

El número de discípulos de Jesús que difundieron la enseñanza del Hijo de Dios en los países vecinos estaba creciendo rápidamente. Bautizaron con la Fuerza del Espíritu Santo y realizaron muchos actos benéficos que convencieron a los humanos del poder y la fuerza de su Dios. El número de creyentes también aumentó y, como resultado, el odio de los judíos siguió creciendo. En las escuelas y templos donde los discípulos anunciaron la Palabra del Señor y hablaron de su vida a los seres humanos que escuchaban en silencio, los judíos colocaron todo tipo de trampas mediante preguntas y acusaciones, y también comenzaron a excitar la la gente afirmando entonces que eran los seguidores de Jesús, a quienes llamaban cristianos, quienes estaban en la raíz de los problemas.

Ellos sembraron deliberadamente las dudas y la incredulidad entre los humanos y, llenos de odio, se movían donde podían. Ya habían sacrificado a unos pocos discípulos a la población: Sephane había sido apedreado por la multitud furiosa. Opresivo y amenazador, la oscuridad se extendió sobre los espíritus y entusiasmó a quienes estaban en afinidad con ellos.

Cuando María Magdalena llegó a un pueblo pequeño oa un pueblo, supo de inmediato, según la presión que sentía, si debía evitar este lugar o si podía detenerse allí. A pesar de que ya estaba cansada, a menudo cambiaba de dirección en el último momento para moverse por una localidad en particular.

María Magdalena vio en la distancia una nube de polvo en el camino elevado que iba de Jerusalén a Damasco. Las armas chispeantes brillaban al sol. Como obligada, se sintió obligada a reunirse con esta columna de soldados romanos.

Un lamentable presentimiento oprimió el corazón del viajero que venía de un pequeño camino rural y ahora estaba por cruzar el camino principal. Habría preferido quedarse, esconderse o entrar en una cabaña, pero la oportunidad no se presentó. Por lo que podía ver el ojo, solo había exiguos pastizales bañados por la luz del sol, y no el más mínimo arbusto, ni la más mínima colina o cerro que pudiera ofrecer refugio. María Magdalena no conocía el miedo. Continuó su camino y se acercó a la tropa de soldados cuyo galope comenzó a oír. Ella iba a encontrarse con ellos en una encrucijada. Instintivamente, se cubrió la cabeza con el velo, como si temiera que el brillo dorado de su cabello atrajera la atención de los jinetes. El palo que ella temblaba ligeramente en su mano. De repente, ella claramente escuchó estas palabras:

“María Magdalena, escucha: ¡lo que sucederá debe ser logrado! No tengas miedo porque, a través de ti, quiero despertar a un ser humano que debe convertirse en una antorcha para los investigadores. Tu camino está preparado. Incluso si las piedras duras te hacen daño hasta la punta de la sangre, coloca el pie en los bordes más afilados y no te flexiones. ¡Recuerda que me perteneces y que no te perteneces a ti mismo! ”

Y su figura alta se enderezó. Con paso firme y seguro, caminó hacia la carretera. El romano que montaba a la cabeza ya lo había notado. Era un fariseo, pero llevaba los brazos como un guerrero y parecía un artista. Alto, fuerte, con ojos de fuego, indómito, pero noble y orgulloso, se sentó sobre su caballo. Levantó la mano a modo de saludo y dijo:

“Es raro encontrar a una mujer caminando sola en estos lugares. Me parece que podrías extraviarte, hermosa cristiana. Le ofreceremos una mejor protección “.

Parecía que se decía cortésmente, y sin embargo, un toque de ironía atravesó estas palabras, que una vez habrían indignado a María Magdalena.

“No todas las mujeres necesitan protección masculina, especialmente cuando ya son viejas e independientes. Mi protección y mi escolta son más grandes y más poderosas que los ejércitos del emperador. Libera el camino, romano, y déjame en paz “.

El rostro del caballero se puso rojo. Su orgullo reaccionó contra la resistencia fría de esta mujer cristiana. Ella lo irritó. No sabía por qué, pero una furia irreprimible se apoderó de su espíritu cuando vio la fuerza tranquila de los miembros de esa secta. ¿No se habría dicho que estaban bañados por una luz que ni la restricción terrenal ni el odio, ni la envidia o la ironía, podían penetrar?

¡Cuántas veces se sintió en un estado de inferioridad cuando el ardor de su creencia lo llevó a la ira! Y este sentimiento de impotencia, vinculado al poder terrenal que Roma le confirió, desató todo tipo de violencia contra los valientes seguidores de este odiado Jesús, a quien llamaban el Rey de los judíos.

Toda la erudición, todo el conocimiento del fariseo con respecto a las leyes, todo el conocimiento del romano, que había sido un filósofo, se volvió contra la mera grandeza de estos modestos pescadores que se llamaban a sí mismos apóstoles, que contaban fábulas y que, en calma y Discreta, triunfó sin palabras donde otros quedaron impotentes.

Durante meses, hubo una lucha en Saúl, una dolorosa lucha interior, y cuanto más duró este estado, más sufrieron los sufrimientos que cayeron sobre los discípulos y los adeptos de Jesús; de hecho, su odio y su deseo de aniquilación crecían día a día.

Pero cuanto más se desató, más se enfrentaron estos martirizados cristianos en su grandeza, pureza y simplicidad. Irónicamente, su aguda inteligencia se dio cuenta de la disminución del poder del judaísmo, el dominio de los romanos y la presunción de los fariseos.

Saúl estaba en el dolor. Sufrió un tormento infinito hasta que reconoció que el poder del intelecto, el rango y el dinero no tenían ningún valor, en comparación con el poder del espíritu que animaba a estos cristianos, el odiaba

Cuando sintió que esta conciencia comenzó a elevarse en él, como una sombra, luchó con la desesperada arrogancia de Roma y los fariseos.

Y ahora una mujer se estaba cruzando en su camino, justo en medio de la carretera de Damasco, donde él quería asestar un terrible golpe a los cristianos. Se presentó con la dignidad de la mujer y la fuerza del hombre, con el orgullo y la seguridad de alguien superior. Ella había dicho solo unas pocas palabras de poca importancia, pero esas palabras habían caído sobre ese ser inflexible como el golpe de un palo llevado por un gigante.

Él la alcanzó, diciendo: “¡Agárrate de ella! ¡Nos acompañará a Damasco! Asegúrese de que este solitario recalcitrante no sufra ningún daño hasta que ella se reúna con sus hermanos que esperan nuestro juicio “.

Obedeciendo en silencio, los soldados rodearon a María Magdalena como un sólido baluarte.

Algunos de los que acompañaron a Saúl se unieron a él y montaron a la cabeza. María Magdalena se subió en un caballo y se vio obligada a seguirlos.

Estaba muy preocupada, pero no abandonó su calma, y ​​en la piedad de su corazón surgió una oración que generó formas luminosas y convocó a los romanos Saul a los arroyos de Luz en una solicitud segura.

La columna llegó trotando hacia áreas más fértiles que mostraban que uno se encontraba ahora en las cercanías de Damasco. La dulzura de la noche dio paso rápidamente a la frescura de la noche.

El cielo se oscurece; Era la época de las primeras lluvias de invierno; formaron un marcado contraste con las horas de sol del mediodía. Todos aspiraban a llegar a una posada. Se estremecieron en sus caballos, y se sintió cansancio. Sólo Saúl no conocía la fatiga. Tenía una voluntad tenaz y fue empujado irresistiblemente hacia adelante.

Era un auténtico hebreo que, una vez que había establecido un objetivo, lo seguía implacablemente, con firmeza e inflexibilidad de bronce. A fuerza de celo y ambición, había adquirido un amplio conocimiento y una poderosa llama ardía en su corazón: la verdadera nostalgia de Dios.

Aparentemente, todavía estaba satisfecho con el aprendizaje de los fariseos y todavía estaba disfrutando de la sabiduría de las doctrinas griegas que había estudiado. Su gran inteligencia lo instó a ir al final de todo lo que emprendió, y su mente estaba imbuida de una profunda religiosidad.

Sin embargo, le debía su educación y comportamiento a la influencia romana que sentía cerca, dada su sed de cultura y conocimiento. Por eso sus amigos lo llamaron “Saul el romano”, los judíos con un ligero toque de ironía y amargura, pero los otros con respeto. Fue amado y temido porque era justicia severa e inexorable. Sus palabras eran simples y verdaderas, pero poderosas. Sus reproches eran agudos como la hoja de un cuchillo. Sabía reconocer a primera vista todo lo que era bueno, verdadero y puro; Odiaba la hipocresía y el servilismo. Por todas estas razones, los soldados lo amaban como a un padre. En cuanto a los cobardes y los canallas, lo odiaron hasta la muerte y trataron de calumniarlo.

Tocó infaliblemente los puntos sensibles y desenmascaró todo lo que era malo; No toleraba un escondite en ningún lugar. Persiguió obstinadamente todo lo que causó confusión y agitación, así como lo que no consideraba correcto.

Con su obstinación, y su pretensión de saber más que otros, también había luchado una feroz lucha contra los cristianos. Ahora su fanático deseo de aniquilación estaba en su apogeo, y estaba decidido a golpear con fuerza en Damasco. Su impaciencia lo impulsó a llegar lo antes posible.

Pero ahora, en la encrucijada de dos caminos, esta mujer había estado delante de él. ¿Qué dijo ella?

“¡Mi protección y mi escolta son más grandes y más poderosas que los ejércitos del Emperador!”

Desde que ella había dicho estas palabras, él sentía respeto por ella. ¿De dónde obtuvo esa fuerza, esa calma y el poder que tuvo dificultades para admitir y, sin embargo, sintió? ¿De su dios?

Saúl nunca había estado tan distraído, tan preocupado y retirado con sus compañeros que cabalgaban silenciosamente a su lado. El caballo de Saúl se puso nervioso; Sin duda sintió la ansiedad y la tensión de su jinete. En cuanto a María Magdalena, había recuperado la compostura y nada oprimía su mente. Vio por encima de ella la llama clara que la guiaba, y sabía que no estaba abandonada.

Sin embargo, una fuerza que se le apareció como una espada incandescente se condensaba sobre la cabeza de Saul. María Magdalena vio que este hombre estaba en un momento crucial de cambio en su vida, tal como estaba cuando escuchó la voz de Juan Bautista. Con gusto le habría enviado algunas palabras de aliento, pero el estaba cautivo y, al parecer, no le prestaba atención.

Al caer la noche, llegaron a una pequeña fortaleza al borde de la carretera. La columna se detuvo allí. Se dieron órdenes breves. Algunos romanos recibieron pliegues sellados de la mano de su líder, las palabras se intercambiaron apresuradamente en voz baja, y luego se tomó el camino, Saul a la cabeza.

Parte de la escolta entró con el cautivo en el patio de la pequeña ciudad fortificada. María Magdalena sintió una desgracia; A pesar de todo, su alma permaneció serena.
Saúl le había confiado al cuidado de los romanos. No quería entrar a Damasco con esta mujer.

Un patio oscuro saludó a los jinetes. Unas pocas antorchas parpadeantes se unieron a las paredes que conducían a una torre de esquina masiva, aparentemente destinada a la caseta de vigilancia.

María Magdalena fue llevada a esta torre y llevada a una pequeña habitación, que estaba cuidadosamente cerrada. Su corazón se congeló cuando, crujido con un ruido sordo, la puerta se cerró varias veces. Pero la calma que consoló su alma no lo abandonó.

Se sentó en un pequeño banco y rezó. Sus ojos se cerraron; Su espíritu abandonó su cuerpo y recorrió los pasillos de la fortaleza. Las puertas parecían abrirse ante su voluntad.

Su alma atravesó los gruesos muros y penetró en cuartos cuadrados y vacíos, de una calidad tosca, que contenían solo lo esencial; servían como refugio para las tropas que a menudo se levantaban, y también como dormitorios, graneros y viviendas comunales.

Todos dormimos profundamente. Sólo unos pocos guardias paseaban; Sus leggings y sus arneses sonaban. Los caballos relinchaban suavemente mientras dormían. Las polillas y los murciélagos revolotearon; la noche estaba oscura

Caía una lluvia fina, que hacía que todo estuviera mojado, resbaladizo y brillante. Las antorchas parpadeantes reflejadas en los charcos de agua. Aplastando una persiana de madera en una esquina del patio, el viento gimió suavemente y rugió sobre la torre. Parecía que estaba golpeando monótonamente a la puerta de la pared y esos golpes eran advertencias.

Sin duda adormecidos por el vino, los guardias levantaron sus cabezas y tomaron sus armas, que brillaban y caían bruscamente al suelo, traqueteando. Un grito ronco y medio sofocado salió de la garganta de aquellos hombres que, cegados, se pusieron las manos delante de los ojos. Una llamada disipó toda la fatiga:

“¡Date prisa! ¡Es la cristiana que nos ha sido confiada la que va allí! Como es posible que haya escapado.

El hombre de la guardia pronunció esas palabras con voz ronca, abrumado por el hecho humillante de haber sido engañado. Pero los soldados quedaron paralizados. En el medio del patio, contemplaron el lugar donde estaba María Magdalena, rodeada por un círculo luminoso.

“¡Tómala! ¡Átala! Ella no debe escapar de nosotros antes de que Saúl la reclame; tales son las ordenes Si no hay otra forma de hacerlo, es mejor matarla que dejarla escapar. ”

Profundamente perturbados, tres hombres corrieron hacia la mujer indefensa. Pero ¿qué estaba pasando? Pensaron que ya estaban agarrando su prenda, pensaron que la habían agarrado, ¡y solo encontraron el vacío!

Sin embargo, ella estaba allí muy cerca de ellos; ella acababa de alejarse, luego les habló. Los tres escucharon su voz cuando dijo: “¿Dónde tienes miedo? ¿Crees que quiero escapar? ¡Me mantienes bien encerrada detrás de estas paredes! No has fallado en tu deber. ¡Pero cree y ve, mi Señor Jesucristo está conmigo! No permite que uno toque un cabello de sus hijos hasta que llegue la hora, y todavía tengo que hacerlo en su nombre.

No tienes nada que temer, no huiré; ¡Quiero probarte el poder de nuestro Dios que libera a los cautivos de acuerdo con su voluntad y ley, y que trae su ayuda si lo pedimos teniendo fe!

Sígame en mi celda y sáqueme, porque les digo en su nombre: no pasará mucho tiempo antes de que María Magdalena sea libre. Saúl cambiará de opinión incluso antes de llegar a Damasco. ¡Pero tome esto como una señal del poder de Cristo! ”

Los soldados fueron subyugados. Nunca habían experimentado tal cosa. Nunca un prisionero les había dado tanta profusión de fuerza y ​​calma. Nunca antes habían visto a un ser humano tan radiante. No entendieron este evento y quedaron completamente desconcertados. Temían al Dios de los cristianos y se tensaban hasta el extremo preguntándose cómo iba a terminar todo esto. Por eso, indecisos y curiosos, siguieron a cierta distancia a la mujer que caminaba delante de ellos.

A la llamada de la bocina, muchos soldados habían venido corriendo mientras tanto. Después de abrir la mazmorra, se miraron petrificados: ¡las puertas, que habían sido cerradas de manera segura, estaban intactas!

María Magdalena estaba en medio de la pequeña habitación; ella no la había dejado con su cuerpo terrenal. Su rostro estaba inundado de luz. Los soldados se agruparon a su alrededor con curiosidad para escuchar las palabras que brotaban de sus labios. Ella les habló de Jesús y de su vida, les explicó su enseñanza y describió su muerte. Luego contó la historia de la resurrección de su parte divina y su encuentro con el Padre. Ella habló de la Fuerza del Espíritu Santo, en la que a Sus discípulos se les permitió actuar ahora, y del poder de Su Voluntad que ellos habían experimentado personalmente. Luego, habiéndose separado del grupo, un soldado se arrodilló y dijo:

“¿Es posible que nosotros también recibamos la fortaleza y la bendición de tu Cristo? Porque creo que Él es el Dios vivo “.


Seguirá….

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MARÍA MAGDALENA (6)

 

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MARÍA MAGDALENA  (6)

 

Llevada por una corriente de luz, comparable en claridad y fuerza al agua más pura, como las perlas, gérmenes luminosos vivos descendieron a la materia que había dejado muy lejos de ella.

Las terrazas en las que se elevaba de grado a grado eran deslumbrantes.

Viniendo de masas de plantas magníficas, brillando con colores celestiales, o caminos bordeados por árboles altos que formaban bóvedas frondosas hechas de luz y oro, figuras luminosas se le acercaron y la guiaron.

Ella misma ya no era María Magdalena; se había convertido en una llama de un blanco azulado, deslumbrante y sereno; otro nombre flotaba a su alrededor, un nombre que estaba escrito en el libro de visitas. Se sentía como una niña; estaba libre, libre de toda gravedad terrenal, y el pecado que arrastraba a la humanidad a sus círculos de reciprocidad también se había quedado atrás.

La fuerza del Espíritu Santo, la liberación del pecado original y la pureza de su nuevo nacimiento en espíritu ardían en ella.

Sintió una mano en su brazo; obedeciendo esta leve presión, ella continuó su camino. Ella no sabía quién caminaba a su lado y tampoco quería saberlo, porque todo en ella era solo felicidad. Ella se levantó: toda su aspiración se basó en este hecho, se levantó en adoración y gratitud con el conocimiento del Amor de Jesús y el descenso del Espíritu Santo.

Al hacerlo, se dio cuenta de que esta Creación terminaba donde ya había pensado encontrar a Dios, y se dio cuenta de que hasta ahora había atravesado un reino más denso de materia que era una reproducción de lo que era su intuición plena y plena  de alegría reconocida aquí como la Creación primordial. Fue entonces cuando la memoria se despertó en ella, ya que había conocido esa magnificencia que simplemente había olvidado en un largo sueño.

Los círculos que cruzó mientras se levantaba se hacían cada vez más grandes, cada vez más amplios, cada vez más brillantes. Finalmente, se vio rodeada de flores, rodeada de llamas de la misma naturaleza que ella.

La blancura chispeante, gigantes de luz, masculina y femenina, se acercaron a ella. Solo su expresión les permitió reconocer su género en su forma más lograda. De la misma manera, todo lo que querían transmitir, todo lo que hacían por voluntad propia, era irremediablemente visible y evidente.

María Magdalena sabía que la invitaban a cruzar con ellos el gran portal del que fluían los flujos de oro llenos de vida. No hablaron, y sin embargo ella sabía lo que querían y lo que pensaban. También sabía que ella misma solo había podido llegar a ese punto porque había recibido del Hijo de Dios la chispa espiritual viviente de esa esfera.

Vio una habitación gigantesca cuyas imponentes cúpulas fueron sostenidas por columnas luminosas. La luz se vertió en amplias corrientes desde el lugar más sublime. Unos escalones conducían a un altar que brillaba con una blancura detrás de la cual se alzaba un trono hecho de oro y luz.

“¡Desde toda la eternidad, soy el principio y el fin!” Esto es lo que vibra y resuena en esta corriente de luz.

Que era ¿Era la voz del Hijo divino, a quien su oído había percibido tantas veces con felicidad? ¿Era otra voz que su mente ya había oído? ¿Dónde tuvo lugar?

Recuerdos lejanos de andanzas terrenales, de viajes a través de los mundos, brotaron y cruzaron en un suspiro la vibración de su mente. La tierra de Egipto, la luz dorada de un templo, el rostro de un niño se le presentaron, como una experiencia vivida en un sueño. Las estrellas describieron sus órbitas y las corrientes cósmicas lo separaron rápidamente de esta visión. Una vez más, miró hacia el cielo:

“Señor, ayúdame a encontrar el recuerdo, si esa es Tu Voluntad”, dijo su mente.

“¡Soy la Voluntad de Dios! La voz de Arriba sonaba. “Vierto mi semilla en el asunto. Te di la Fuerza necesaria para la ascensión, a ti, llama de espíritu. Úsalo para anunciar al mundo la grandeza de la magnificencia de Dios “.

Mientras se movía, se acercaba más y más al trono en el que se encontraba esta llameante Cruz de la Luz, enviando sus gavillas de rayos de distancia. A su lado brillaban una rosa y una lily.

Pero toda la magnificencia que le dieron para ver no se detuvo allí. Y estas palabras vibrantes se escucharon de nuevo:

“Esfera de la espiritualidad primordial, tú, límite supremo, para el espíritu humano, ¡abre! ”

Estas palabras vinieron de la energía que emanaba de la Cruz de Luz cuya forma condensada para convertirse en la imagen original del ser humano vivo. El sagrado misterio de la Luz rodeaba la llama a la cual el Amor inconmensurable había impartido una chispa de espiritualidad primordial.

“Espíritu humano, en vista del cumplimiento de tu misión, ve y experimenta lo que se te ha propuesto desde el principio. Observa el movimiento circular de la Fuerza Viva “.

Los círculos de rayos formaban una copa a través de la cual descendía la Fuerza. Formas resplandecientes la mantuvieron y rodearon la Columna de la Fuerza por la cual la Divinidad ascendió y descendió constantemente.

La Santa Paloma apareció! Bajó a la mansión sagrada. La luz del Hijo de Dios Jesús también apareció: se elevó cada vez más alto, cada vez más lejos, y finalmente se perdió en el océano de claridad que se extendió, redondeó y profundizó.

Sin principio ni fin, resplandeciente, más poderoso que el sol.

“¡Yo y el Padre somos uno!”, Dijo la voz de Jesús por encima del espíritu humano.

Entonces una voz omnipotente resuena como un trueno en el universo: “Mira Mi Voluntad que envío para juzgar a los justos y a los que no lo son. ¡Se llama Imanuel! ”

Como una llama blanca, se desprendió de la Fuente de la Luz, cegándose como un rayo, cortando como una espada, poderoso como un ángel de ira, la Paloma Sagrada sobre su cabeza. Una luz rosada se extendió ante él. A su derecha se levantó una rosa, a sus pies floreció un lirio, y él mismo fue como un rey.

Velas brillantes y rosadas ondularon sobre el Manto radiante, y en general vibró el nombre: Parzival.

El Espíritu humano, lleno de gracia, emprendió su regreso a la materia; bajó rezando; gracias El recuerdo de lo que acababa de vivir permaneció en él como un sueño.

Esto es lo que le pasó a María Magdalena.

Cuando se despertó en la Tierra, no pudo moverse al principio. Durante esos días, Marta y Mary, muy preocupadas, se habían quedado con ella, y Bathsheba no había dejado la cama de su ama, que estaba acostada sobre cojines, sin hacer ningún movimiento y como si estuviera muerta. Ella no entendía lo que le había sucedido a María Magdalena, pero las otras mujeres la iluminaron reconfortándola y calmándola.

María Magdalena pronto encontró el uso de su voluntad y pudo levantarse. Se sintió abrumada con gran fuerza que su espíritu la empujó hacia los pobres y los desfavorecidos. Su camino era doloroso, pero ella lo siguió, sabiendo que el Señor la había enviado.

Fue un tiempo más largo. María Magdalena ya no podía ver al Señor. Ella ahora fue tomada por su actividad terrenal. Con este fin, en el momento en que lo necesitaba, recibió una poderosa ayuda espiritual. Las mujeres, y especialmente las niñas, se sentían atraídas por ella. La misma María Magdalena no sabía con qué poder actuaba la fuerza de atracción que acudía a ella desde las alturas.

Se sentía cada vez más conectada con esta Virgen que, una vez ya, se le había aparecido, vestida con una capa verde claro adornada con lirios. Fue Irmingard, la Lirio Pura, quien estaba enviando su Fuerza de Guía al puente sobre esta Tierra para guiar a las mujeres y permitirles encontrar un fuerte apoyo aquí, siempre que lo busquen. Y todos aquellos que se abrieron a la Palabra de Jesús y siguieron a los discípulos encontraron ayuda y fortaleza para reconocer la verdadera Pureza.

Muchas mujeres de orígenes bien dotados se sintieron atraídas por la enseñanza del Hijo de Dios que sus discípulos anunciaron públicamente. Fueron bautizadas y se pusieron con sus bienes al servicio de la Luz.

Sin embargo, cuanto más aumentaba el número de seguidores, más la serpiente comenzaba a levantar la cabeza nuevamente. El odio de los judíos aumentó especialmente, porque sufrieron terriblemente a causa de lo que habían sometido a Jesús.

En el reino judío, las personas se encontraban en una situación difícil desde que abandonaron la Tierra. Un puño oscuro caía sobre muchos de ellos, oprimiéndolos con una tenacidad inexorable.

Los espíritus estaban aún más agitados, y los judíos comenzaron a perseguir a los seguidores de Jesús, primero en secreto, luego abiertamente.

Una noche, un rayo iluminó la habitación de María Magdalena . Pero no hubo trueno ni tormenta; más bien, reinaba una gran calma a su alrededor y, en sí misma, una claridad y una dicha que no había sentido desde que Jesús los había dejado.

Estaba perfectamente despierta y vio todo a la luz brillante. Desde las alturas más sublimes, una voz resuena, como una trompeta:

“Tan pronto como llegue el amanecer, ve a la tumba de tu Señor y espera. Todavía tienes una misión que cumplir en esta ciudad oscura. Entonces ve a buscar a la Madre María, porque hay tiempo, gran momento. Una vez que haya cumplido su misión, no tendrá que dirigir sus pasos hacia Jerusalén.

Ponga su actividad en otras manos para realizarla como debe y confíe en la guía de su mente. No tienes que saber dónde descansarás por la noche. Debes seguir la Palabra de tu Señor y llevar a Sus ovejas al redil. Piensa constantemente que caminas en la fuerza del Señor y actúa en consecuencia. ”

María Magdalena se levantó, se preparó para la marcha y se ocupó de lo más urgente. Ella también dio algunas instrucciones para los primeros momentos después de su partida. Entonces ella se fue de su casa.

Cruzó el jardín aún en la oscuridad, cruzó la puerta y se encontró rápidamente afuera. Escogió calles tranquilas porque, por la mañana, ya había una gran animación en la ciudad. Voces estridentes regateaban, diferentes lenguas se entrelazaban. Los burros gritaban y los camellos cruzaban las puertas, haciendo su grito singular.

María Magdalena respiró cuando llegó al sendero en la altura donde había caminado tantas veces para ir a la tumba del Señor durante los días más difíciles. Fue allí donde lo habían enterrado, pero Su cuerpo terrenal ya había sido lavado cuando Su cuerpo de Luz se le había aparecido.

De repente, María Magdalena tuvo el ardiente deseo de conocer mejor el lugar donde realmente estaba el cuerpo del Señor. Ella rápidamente siguió el camino estrecho y pronto llegó a la tumba.

Había cambiado mucho. Ya no era la tumba del Señor.

María Magdalena sintió qué lugar de adoración y codicia se levantaría aquí. Y de repente comprendió por qué no estaba en la Voluntad del Padre que el recipiente que abrigaba a Su Hijo cayera en manos de la posteridad.

Lo que una vez le había parecido incomprensible, insondable y terrible para él, que le habían quitado el cuerpo de Jesús, ahora se sentía como un consuelo, como lo que era correcto y deseable de Dios, y se regocijó.

Ya no puede orar en este lugar, ella continuó su camino. Se desvió a la izquierda en la pendiente cubierta por una densa vegetación y tomó un camino estrecho que había sido despejado recientemente.

Estaba rodeada de follaje verde grisáceo. Como plantas trepadoras, los arbustos formaban una bóveda sobre su cabeza; eran tan bajos que ella tuvo que doblarse. Llegó así a media altura de la montaña, cerca de algunas rocas, y se encontró frente a una cueva; A la derecha, tres cruces fueron grabadas en la bóveda.

Entró en esta cueva y tuvo la impresión de que servía de refugio para los pastores en caso de mal tiempo. En la parte inferior, en el lado derecho, había una grieta muy estrecha; Sin embargo, un cuerpo humano podría introducirse a él.

Consciente del objetivo a alcanzar, María Magdalena se atrevió a deslizarse a través de esta estrecha abertura (ella misma estaba asombrada) y encontró lo que esperaba: un pasaje bajo y estrecho también.

Como en un espejo, vio frente a ella las siluetas de José de Arimatea y Juan, que vestían el cuerpo del Señor envuelto en lino.

María Magdalena sabía que las imágenes claras, coloridas y vivas que se desplegaban ante ella tenían el propósito de mostrarle dónde estaba el sobre terrenal del Hijo de Dios. Ella fue cautivada con respeto venerado, y el dolor que había torturado su alma en el momento de la muerte del Señor se despertó. Le parecía que en realidad estaba avanzando con estos dos fieles en el estrecho y oscuro pasadizo, sin hacer ningún ruido, se inclinó y paso a paso, para proteger y ocultar el cuerpo amado del Señor, según la orden de la Luz.

Ella revivió el momento en que, en el lugar donde el estrecho pasaje se ensanchaba, los hombres habían entrado en una pequeña cueva y habían colocado el cuerpo de Jesús en un banco de piedra antes de ungirlo según las prescripciones y las envolver en ropa de cama blanca. Un pequeño nicho abierto al exterior les permitió ver a continuación, desde la caverna, una extensión de color gris verdoso y nebuloso, que todavía estaba latente al amanecer.

En su propia mano, José de Arimatea había cerrado esta abertura con un bloque de roca que se entrelazaba de manera ingeniosa y perfectamente natural. Cada rendija se cerró cuidadosamente con arcilla y plantas trepadoras secas para formar una pared impermeable.

Fue en esta sala funeraria organizada por los dos discípulos durante dos noches de trabajo duro y secreto que descansó el cuerpo del Señor, la cabeza cubierta por una luz blanca.

Cuando María Magdalena se volvió completamente consciente, se inclinó sobre el final del pequeño pasaje, con la cara presionada contra la pared fría y húmeda de una roca natural áspera, arcillosa y algo exudante. No podía ir más lejos, y comprendió que era la entrada a la cueva donde los discípulos habían enterrado al Señor.

Una luz blanca, la misma que, esa noche, le había ordenado ir a la tumba, saltó a su lado, y le pareció que esa luz cruzaba la gruesa pared que tenía delante.

Ella vio las telas blancas que se envolvían alrededor del cuerpo del Señor y se habían caído, y vio Su cráneo, cuya forma era maravillosamente noble, especialmente la frente armoniosa y la redondez de Su cabeza.

En la fila de dientes superiores, que eran deslumbrantemente blancos, faltaba un canino. Este pequeño lugar oscuro fue grabado profundamente en su memoria como un signo característico.

La Luz desapareció tan rápido como había llegado, así como la imagen que ella le había dado, una imagen para el futuro, le parecía. María Magdalena no pudo ir más lejos; se dio la vuelta y, mientras rezaba silenciosa y fervientemente, volvió al camino por el que había pasado.

Luego tomó el camino que conducía a la casa de Juan.

María vivía en la casa de Juan a orillas del mar de Galilea. Apenas fue reconocido. Todo lo que era viejo había sido separado de ella desde que la Fuerza del Espíritu Santo la llenó, ya que ella se había abierto a la Luz en una fe consciente.

Su rostro estaba radiante. Sus rasgos marcados y socavados por el dolor se habían suavizado. El amor y la paz llenaron su ser. Estaba muy alerta y activa en la casa y sabía cómo dirigir a los que vivían allí, así como a los sirvientes. María se sintió obligada a recuperar el tiempo perdido. Ella trabajó con gran alegría para redimir su culpa. Guías brillantes y eminentes se acercaron a ella y le dieron una fuerza constante y ese hermoso estado de ánimo que se reflejó en su rostro con un brillo sobrenatural.

Juan se regocijó, temiendo que el delicado cuerpo de María ya estuviera debilitado por los muchos sufrimientos del alma, y ​​que ella ya no permaneciera entre ellos.

Parecía una luz pura que, ardiendo incesantemente y cada vez más alto, se consume sola. Sin embargo, en ella vivió esta petición: “Padre que estás en el cielo, ¡concédeme la gracia de servirte de nuevo! ¡Déjame viva! ”

Pero su cuerpo terrenal ya no era capaz de actuar. Así lo encontró María Magdalena. Ella era de la misma opinión que Juan: María pronto habría llegado a la meta.

¿No parecía ella rodeada por una Luz que no pertenecía a esta Tierra, una luz pura con rayos rosados ​​como los que la Fuerza de la Pureza había emitido cuando María Magdalena los había visto? El perfume de los lirios no fluía hacia ellos sobre nubes delicadas, tan claramente perceptibles que María levantó su cabeza cansada apoyada en suaves cojines. Respiró hondo y escuchó en esa dirección, mientras una suave sonrisa iluminaba sus rasgos.

Todos intentaban hacer que sus últimos días en la tierra fueran agradables. Estaba rodeada de amor. Una vibración se extendió por su habitación, naturalmente obligando a otros a acercarse a ella solo con suavidad.


Las entidades espirituales útiles descendieron lentamente, de grado en grado, y su resplandor preparó a su séquito terrenal y refinó su envoltura cada vez más.

María Magdalena se quedó junto a la cama de María. Las corrientes de Luz nunca fueron tan puras como en este lugar que la habían rodeado desde el día del descenso de la Fuerza. Pero si este evento alguna vez vino a la mente con el poder del huracán, el regreso de María a su Patria fue en comparación con el delicado aliento de la primavera que también la conmovió con su bendición.

Las luces brillaban en la habitación luminosa; el resplandor de sus llamas cambió en la irradiación del espíritu que se iba.

Pasaron unas horas antes de la muerte de María. Una figura luminosa descendió desde arriba, extendiendo sus manos. Se inclinó hacia ella para llevarla a las alturas.

Voces exultantes, llenas de calidez y brillantez, resonaron.


Seguirá….

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MARÍA MAGDALENA (3)

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MARÍA MAGDALENA (3)


“No puedo venir a tu tierra ahora. Solo mi Fuerza te tocará mientras el Hijo de Dios se quede en la Tierra. Esta Fuerza se te otorga para la bendición de aquellos que tienen sed de ella. Cuida a las niñas, huérfanos y niñas perdidas. El entendimiento te fue dado; solo tú recibirás la Fuerza “.

Este mensaje llegó palabra por palabra a María Magdalena desde la eternidad. ¡Ella había sido elegida, y los seres humanos continuaron tratándola como una penitente!

La cara bonita que ahora veía llevaba una corona de lirios. Azul inmenso y radiante, sus ojos, llenos de luz, brillaban. Vestida con una larga túnica blanca, envuelta en un manto de luz, la imagen original de Pureza, Irmingard, estaba ante el espíritu de María Magdalena. Ella inclinó la cabeza y se cubrió la cara con las manos. La adoración y la gratitud llenaron su alma.

Mientras meditaba en esta maravillosa experiencia, María Magdalena cruzó la puerta por el camino estrecho hacia Betania. Allí, en la distancia, vio brillar las casitas, detrás de las cuales las laderas del Monte de los Olivos se estiraban ligeramente.

El camino le parecía particularmente doloroso. Sus piernas apenas podían cargarla cuando llegó a la casa de Lázaro. Mientras se sentaba en el banco frente a la casa esperando a los que regresaban, vio imágenes singulares.

Frente a las columnas del Gran Salón del Templo, vio en el patio a una multitud de personas que se apretaban unas contra otras. Muy interesados, miraron hacia la entrada del Templo, desde donde los mercaderes huyeron en una terrible confusión. Lo que estaba pasando allí era como el pánico.

En el fondo de esta escena desordenada, María Magdalena vio a Jesús salir del Templo. Él irradiaba blancura en la prenda brillante que vestía ese día. Entonces ella lo escuchó hablar. Su voz fue directamente a su corazón. La multitud escuchó, subyugada.

Sin embargo, un grupo de doctores de la ley se amontonaron alrededor de Él y, llena de angustia, María Magdalena vio a una serpiente en el puesto de observación en medio de ellos. Desde esa hora supo que estos hombres querían la pérdida del Señor.

Marta y María llegaron; Tenían muchas cosas que contar. Entraron a la casa para preparar una comida sencilla y pensaron en cómo organizarían la fiesta de Pascua para el Señor. María Magdalena habló con ellas, esforzándose por mantener la calma, al menos externamente. Sin embargo, María, quien, gracias a su sensibilidad, siempre reconoció lo que era verdadero, le dijo:

“Tu alma experimenta al mismo tiempo una inmensa alegría y una angustia atroz. Vea que cuando Él venga, el Señor solo vea su gozo. Es bueno que estés atenta, pero no te preocupes ”

” ¿Dónde está Judas? ”

Esta pregunta mostró que ambas abrigaban las mismas sospechas. Y María Magdalena decidió regresar lo antes posible a la ciudad.

Esa noche, Jesús les habló largamente.

María Magdalena estaba aterrorizada cuando se encontraba en las afueras de Jerusalén. El ambiente que reinaba allí le parecía cargado de infortunio.

Ella que había recibido tanto, ella cuyo corazón rebosaba de felicidad, ella quería a su vez ofrecer alegría y gratitud a todos los que tenían sed; ella que vino del círculo radiante de los discípulos de Jesús vibrando en armonía, ella que todavía estaba penetrada por el divino aliento de vida que rodeaba a Jesús, que quería actuar, que quería ver, que quería aprovechar sus relaciones y ejercer su influencia para Para proteger el camino del Señor. Y, por orden de la mujer luminosa, quería ofrecerle ayuda para ayudar a todos los que lo necesitaban.

¿Qué le dijo Jesús cuando le contó lo que ella había pasado?

“Guarda la fuerza que fluye en ti de los reinos brillantes de Mi Padre, y úsala. Se le da a usted para ayudar a muchos que de otra manera no tendrían acceso. ¡Eres un puente para los seres humanos! Lo que has vivido, mantenlo profundo en ti. Esto no es para el conocimiento del mundo que no puede apreciar esta joya en su verdadero valor, ya que no puede entender. Lo que has adquirido así, lo transformas para la humanidad; sólo entonces los frutos se desarrollarán a partir de la semilla del espíritu “.

Y así fue como cada vez que el Señor le habló palabras personales: continuaron actuando de una manera viva y se cumplieron. En María Magdalena creció un conocimiento vivo, y ella estaba conectada en espíritu a todos los eventos, a todo lo que estaba por venir.

Por eso estaba aterrorizada por el comportamiento violento y excesivo de las personas que se reunían en un número cada vez mayor en la capital en estos días de Pascua. Ella se regocijó de que Jesús no vivía en estas paredes.

¡Los pensamientos de angustia sobre él lo asaltaban constantemente! Como una pesada carga, descansaban en la tranquila felicidad de su alma.

En diferentes partes de la ciudad, escuchó muchos comentarios de que se iba a reunir un ejército para Jesús. Se asustó y contradijo a algunos de los que hablaron al respecto, pero pronto se quedó en silencio cuando notó que la gente se estaba enojando y sospechando de ella. De repente, el miedo se apoderó de su alma.

“Le hacen daño! ¡Lo llevan a su pérdida con sus quimeras y sus deseos personales de poder! Que debo hacer ? ¿Advertirle de nuevo? Pero Él diría como siempre: ¡Debo seguir el camino que me lleva a mi origen! ¿Y los discípulos? ¡No me creen, me llaman temorosa y me reprochan mi falta de fe!

Están lejos de saber hasta qué punto los seres humanos lo malinterpretan cuando habla de su Reino. A decir verdad, ellos mismos se hacen una idea falsa y creen que es un poder terrestre. Cuántas veces ya Jesús les dijo: ¡Mi Reino no es de este mundo! Sin embargo, ¿cómo entienden los discípulos estas palabras?

Sin duda, Pedro es quien mejor lo entiende, y Juan también; Y, sin embargo, incluso Juan no puede estar completamente libre de concepciones erróneas. ”

Estas reflexiones la hicieron cada vez más preocupada. Sintió de nuevo la sensación desagradable que Judas había hecho una vez más con ella la noche anterior. Se paró en la puerta como un ladrón atrapado en el acto cuando Jesús le preguntó:



Sus mentiras la habían golpeado como tantas flechas, y ella sabía que Jesús lo estaba actualizando. El horror y el disgusto se habían apoderado de todos, y una profunda tristeza había marcado el rostro del Señor.

Pensó en José de Arimatea de nuevo como el único que podía ayudar. Ella fue a su casa y se preparó para ir a buscarlo. Una hora más tarde, su camada la llevó a la casa de José.

La tarde había caído. Su corazón estaba pesado y en espíritu buscó a Jesús. Entonces le pareció que estaba conectado con Él de una manera maravillosa, como por un hilo luminoso a través del cual le llegaban noticias sobre él.

Su impresión de soledad había dado paso a un doloroso sentimiento de abandono. Pero de repente,

Ella vio a Jesús sentado en una mesa larga cubierta con un mantel blanco. Un círculo de luz vibraba a su alrededor. El partió el pan y ofreció a sus discípulos el cáliz lleno de vino. Pero todos tenían una apariencia distinta de la habitual. Jesús fue inundado con una luz resplandeciente. La imagen que vio lo mostraba rodeado por un resplandor que no era de esta Tierra.

Esta vez nuevamente, tuvo la impresión de que no podía entender con la ayuda de su entendimiento humano lo que estaba sucediendo allí y que, detrás del evento lleno de luz que era esta comida, hubo un acto prodigioso. Cumplido en el amor divino. Ella no entendía lo que se le había permitido vivir en el espíritu, pero fue consolada.

Entretiempo,

Después de cruzar una puerta grande, la litera fue transportada en un patio rodeado por una pared. Una fuente lamía suavemente monótonamente.

Ya estaba oscuro, pero el aire de ese día caluroso todavía estaba caliente bajo los árboles altos. Sombras lúgubres se extendían sobre la casa superior, que apenas estaba iluminada.

Sin embargo, se había unido una antorcha a la bóveda de la entrada que daba a la galería abierta. Allí estaba un romano vestido de blanco; Se inclinó respetuosamente ante el difunto visitante. Él era el administrador de esta gran casa, quien reemplazó al maestro durante su ausencia. María Magdalena se sintió decepcionada cuando lo vio, porque eso significaba que José de Arimatea no estaba en casa.

Con voz preocupada, pidió ver al dueño de la casa. Le dijeron que se había ido por unos días; Nadie sabía dónde estaba en este momento.

Un profundo desaliento y una gran decepción fueron pintados en las características de María Magdalena. Tomado de compasión, el romano lo invitó a entrar a descansar. Estaba a punto de negarse cuando sintió que debía seguirlo a la habitación de abajo, donde se podía caminar como en una casa de guardia; así que aceptó la invitación con la esperanza de aprender más sobre José de Arimatea.

Pero el hombre apenas era hablador. No quiso decir nada, aunque vio que María Magdalena estaba muy enojada. Debió haber pensado que esta mujer no había llegado en un momento tan inusual sin una razón particular. Estaba de pie frente a ella, en silencio. Decepcionada y agotada, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Sin que ella lo hubiera querido, de repente se le escapó una frase:

“¡Me topé con Jesús de Nazaret!”

Este nombre era como una contraseña. Un resplandor de felicidad interior iluminó el rostro tranquilo e impasible de los romanos.

“Veo que eres uno de sus seguidores”, dice María Magdalena. “Puedes confiar en mi.”

“Sí, amo a Jesús y me gustaría servirle”, respondió. “Sé que puedo hablar abiertamente con María Magdalena. El príncipe me habló de ella. Se fue con Marcos Romano, debido a problemas políticos en los que el Señor está involucrado. Tengo que ver aquí. ¿Puedo enviar un mensaje? ”

Entonces María Magdalena informó sobre lo que había observado y le contó sus preocupaciones.

“No tengas miedo. Lo que era posible hacer ya se ha hecho “, dijo el romano con voz clara, decidida y tranquilizadora.

Habiendo dicho estas palabras, se volvió ceremonioso y retirado. Se inclinó profunda y solemnemente ante la mujer, con más respeto que el que los romanos mostraron en otras circunstancias.

María Magdalena retomó el camino en la noche oscura. Ella estaba muerta de fatiga; agotada, se apoyó en los cojines de su camada. Cuando la oscuridad lo envolvió por completo, el suave balanceo de la camada ejerció un efecto calmante en sus nervios, y el brillo de las antorchas de quienes lo acompañaban iluminaron apenas el borde del camino, una gran calma y una gran calma. Una gran fuerza invadió a María Magdalena. Le parecía que había algo poderoso a su alrededor que la protegía, la guiaba y la consolaba. Y sin embargo, ella estaba triste. Estaba triste por morir, abandonada, y lejos de cualquier cosa terrenal. ¿De dónde vino?

Lentamente, un recuerdo se despertó en ella. Pensó en las horas en que, desde el despertar de su mente, se había abierto a la Luz. También pensó en cómo había vivido en el camino de Betania y en las visiones que le habían dado y la llenó de alegría.

Fue entonces cuando de repente sintió el dolor de la muerte. Estaba en las garras de una angustia indefinible. Soledad y desolación, la lucha de un alma que se separa del cuerpo en un dolor sin nombre, un dolor humano experimentado en un nivel superior: eso es lo que ella sentía. Y sin embargo no era su propio sufrimiento. Pero entonces, ¿quién estaba sufriendo?

Un dolor agudo abrazó su corazón, sus ojos estaban inundados de lágrimas, un sudor frío corría por su frente. Sus manos heladas se unieron en cuanto a una oración. Ella vive una imagen en espíritu. La oscuridad envolvía una silueta que, hundiéndose en la aflicción, se hundía en una piedra. La soledad reinaba alrededor; no se oía nada más que el susurro de los olivos. Nubes pesadas pasaron en un cielo sombrío, dejando solo rara vez perforar la pálida luz de la luna.

El aire estaba cargado y tormentoso. Pesadez de plomo pesaba sobre las criaturas de la tierra. Parecía que la naturaleza estaba a punto de morir.

Este sufrimiento se convirtió en una certeza para María Magdalena. Ella sufrió mucho tiempo y pensó que iba a dejar esta Tierra. Su cuerpo conscientemente soportaba un dolor indecible y ya no podía pensar en sí misma. Donde estaba ella Un diluvio de claridad cegadora se extendió a través de esta oscuridad.

“¡Padre, padre!”, Dijo la voz de Jesús. Este grito hizo eco a través de todos los cielos.

Dos poderosas y deslumbrantes alas se desplegaron en medio de toda esta brillantez, y desde la Luz una resplandeciente mano de luz sostuvo un cáliz. María Magdalena ya no vivía. Cuando, al amanecer, en la primera canción del gallo, sus sirvientes se detuvieron frente a la puerta, la llevaron muerta dentro de su casa.

María Magdalena probablemente sintió que fue llevada a su casa y que estaba acostada en su cama. Su fiel sierva Betsabé estaba a su lado. Un amor maternal lleno de solicitud emanaba de ella. Betsabé fue seguramente la única de sus sirvientes que realmente conoció a María Magdalena. En el alma cerrada de esta mujer autoritaria, aparentemente fría, vio las joyas que Dios había depositado allí y que, un tiempo antes, todavía estaban enterradas allí. El despertar de María Magdalena también había inflamado el amor de su sierva por Jesús.

Después de haber cuidado del miserable cuerpo de su amante, Betsabé encendió la pequeña lámpara de la que María Magdalena amaba la luz suave. Luego, tranquilamente, fue a la antecámara a mirar. Sus pensamientos estaban tristes y preocupados. Durante la noche, un mensajero había venido a anunciar:

“Vengo de Betania. Dígale a María Magdalena que arrestaron al Señor y lo llevaron a Caifás “.

Betsabé había pensado que el suelo caía bajo sus pies. Este mensaje la había alcanzado como una flecha, y ella estaba muy preocupada por la idea de no poder transmitirlo. Ahora María Magdalena estaba allí. ¿Cómo podría comunicárselo a ella, cuando estaba muy enojada y apenas podía abrir los ojos? La angustia y el dolor se habían apoderado de esta alma fiel; ella también sufrió por el Señor, que era para ella lo más sublime.

Había pasado todo el día atormentada amargamente y había tratado de sumergirse en el trabajo para olvidar sus preocupaciones.

La luz se movió en el dormitorio de su amante, se escuchó un profundo suspiro, luego todo volvió a calmarse. Betsabé se levantó y escuchó. Abrió la cortina y miró a María Magdalena. ¿No había estado allí como una mujer muerta? Sus ojos, generalmente tan brillantes, eran como si se hubieran extinguido. Su rostro estaba inmóvil y sus rasgos dibujados, su abundante cabello y su frente goteaban de sudor.

Betsabé lo lavó y María Magdalena se movió un poco. Ella temía el momento en que él tendría que anunciarle a su amada las fatales noticias. María Magdalena luego levantó la cabeza apoyada en cojines, se enderezó y miró hacia otro lado.

“Betsabé, sucedió algo horrible: arrestaron a nuestro Señor; Judas lo traicionó! Jesús es inocente, pero ellos quieren perderlo y no podremos hacer nada a menos que recibamos la ayuda de su Padre. Lo sé todo, pero no pregunte nada y no hable sobre lo que oye de mi boca, porque no me pertenece y no se me permite transmitirlo a otros. Lo que aprendo es solo para la Luz “.

Betsabé no entendió a su amada y se sintió atrapada por el miedo. María Magdalena habló como si estuviera bajo la influencia de la fiebre. De repente, ella dice:

“¡Quiero ir a Bethany!” Y ella intentó levantarse, pero parecía que fuerzas invisibles la hacían caer de nuevo en su cama y una mano sostenía un espejo transparente delante de sus ojos. Vio emerger imágenes que la hicieron sentir tan fuerte que soportó un terrible sufrimiento.

Ella vio a Jesús en un patio, sentado en una bota de paja. Tenía las manos atadas y una corona de espinas estaba ceñiendo su cabeza. Tenía un palo en la mano. Estaba oscuro en el patio. Un gallo cantó en la distancia. Un ligero escalofrío recorrió dolorosamente el cuerpo de Jesús, que estaba sentado inmóvil, mirando al frente, pero sus ojos estaban vacíos.

Donde estaba Él estaba casi libre de todo sufrimiento y parecía estar extinto. Lo que le estaba pasando ahora ya no lo tocaba.

María Magdalena tenía un solo deseo: ayudar a evitar el terrible evento que sintió acercándose con casi certeza. ¡Si solo ella pudiera hacer algo, si no tuviera que esperar en la inacción para llegar a su fin!

Luego, mientras llevaba hilos delicados, la voz del Señor se acercó a ella: “¿Crees que no podría pedirle a Mi Padre que me envíe sus legiones de ángeles? Solo cuando ya no esté contigo y recibas ayuda me entenderás. ¿No te dije muy a menudo que mi tiempo estaba cerca? “

María Magdalena se estremeció cuando escuchó la voz de Jesús. Tenía la impresión de que los rayos brillantes la cruzaban.

Agotada, se recostó en su cama y se durmió. Arrodillada a los pies de la cama, la doncella lloraba suavemente y esperaba el momento en que su ama la necesitaba. Ella no se atrevió a moverse.

Hacia la mañana, María Magdalena se levantó. Su cuerpo había recuperado la fuerza y ​​su alma, que tanto había sufrido, fue aliviada y consolada.

Ella tenía un solo pensamiento: ver a Pilato. Era necesario actuar rápidamente, y ella recibió la fuerza necesaria para llevar a cabo este paso.

Poncio Pilato se quedó pensativo en el atrio de su casa. A pesar de la hora temprana, ya estaba listo, porque un día oscuro y doloroso lo esperaba. El resto de la noche no lo había liberado de la opresión que, desde la noche anterior, se había intensificado hasta el punto de convertirse en una tensión llena de ansiedad.


Seguirá….

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“La  traducción del idioma francés al español puede restar fuerza y luz a las palabras en idioma alemán original …pido disculpas por ello”

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MARÍA MAGDALENA (2)

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MARÍA MAGDALENA

Fue entonces cuando escuchó que una voz los reprendía con amabilidad, aunque con firmeza, reprochándoles el exceso de rigor.

“¿Recuerdas cuando estuviste en el lago y donde preguntaste, Señor, nos permites que te sigamos?”

María Magdalena se arrodilló, juntó las manos y miró hacia arriba. El que había hablado así pasó precisamente delante de ella.

¡Era tan simple, sin embargo, había un mundo entero de amor, advertencia, protesta y aliento para los investigadores!

“Si este hombre es penetrado con tanta bondad, tú también, María Magdalena, ¡puedes acercarte! “

Esto es lo que le dice su voz interior. Pero antes de que ella realmente supiera de Su presencia, Él ya había pasado. Sin embargo, sus ojos la habían golpeado. Y esa mirada había cruzado su alma como un destello. Tenía la impresión de que, a través de esta mirada, Él había traspasado toda su vida. Algo más había llamado su atención: parecía un romano pero, viniendo de Él, una segunda cara, mucho más brillante, la había mirado.

Todavía estaba arrodillada a un lado de la carretera. Un pequeño grupo de recién llegados se acercaba. Dos mujeres caminaron hacia ella. Ellos también tenían el mismo resplandor en la frente; Una paz serena emanaba de ellos, así como la solicitud y la amabilidad.

Ellos recogieron amablemente a la que estaba molesta, y la tomaron entre ellos. Una ola de fuerza y ​​confort invade a María Magdalena. Estas mujeres poseían lo que siempre había anhelado: amor y pureza; además, la sencillez de que se les confiere un gran encanto. María Magdalena se sintió protegida.

Gracias a su intuición natural, quienes habían despertado en contacto con Jesús, sintieron que esta mujer tenía una vida difícil. Amablemente le ofrecieron consejo y ayuda.

María Magdalena no hablaba mucho; Ella no podría haberlo hecho. Su alma estaba perturbada y horrorizada cuando se comparaba con estas mujeres, y desde ese momento supo que le faltaba la posesión más bella y preciosa que poseía la mujer: la pureza.

Entonces la idea de que Jesús podía repelerla comenzó a atormentarla. Cuanto más examinaba cuidadosamente la naturaleza de estas dos mujeres, más se consideraba perdida.

Cuando finalmente llegaron a una posada y María Magdalena se instaló en una habitación pequeña y limpia, una de las mujeres le dio algo de comer, y luego se fueron, diciéndole que comenzara a descansar. Prometieron volver a verla pronto.

Pero después de un breve descanso, María Magdalena ya no podía permanecer de pie en su cama. Salió corriendo de la casa y caminó rápidamente por las calles. Ya era de noche. Ella siguió un estrecho callejón bordeado de altos muros. Se detuvo en una barandilla y escuchó el jardín de flores. Parecía escuchar una voz proveniente de la galería abierta de la casa en el otro extremo del jardín, y esa voz hizo que su corazón temblara. Solo uno podía hablar de esa manera.

El que ha escuchado la voz de Dios solo una vez, ha abierto su alma, la sabe y nunca la olvida. Así fue para María Magdalena. Una vez más, sintió en su corazón una leve emoción, nuevamente tuvo la impresión de que sus piernas se estaban esquivando debajo de ella, y otra vez una ola de calor y felicidad la atravesó, seguida inmediatamente por el dolor amargo que se le debía, indignidad. Estaba tan molesta que se olvidó de todo; solo uno todavía habló en su mente llena de nostalgia que la empujó a los pies del Señor, justo cuando él se había arrodillado ante Su Fuerza. Su mente recordaba oraciones y juramentos que su intelecto ya no conocía.

Fue poco antes de la Pascua; Jesús tenía la intención de ir a Jerusalén con sus discípulos. Fueron invitados de Simon y se sentaron en la galería abierta que daba al jardín y las casas a lo largo de la plaza del mercado. La noche había caído, las ramas de los altos pinos crujían suavemente. Una multitud de flores extienden sus perfumes en esta galería.

Jesús estaba particularmente callado. Estaba sentado en medio de sus discípulos, y una ligera tensión se cernía sobre todos ellos; sintieron que se produciría un cambio desafortunado en el curso de los acontecimientos y que no podrían evitarlo.

Se oyeron pasos apresurados en el jardín, así como la voz del guardián. Pero la mujer que llegó no se dejó contener. Con pasos ligeros y rápidos, como si temiera perderse el coraje en el último momento, subió las escaleras y se dirigió a Jesús. Ella le hizo una profunda reverencia y le besó los pies. El suave velo que lo envolvía se deslizó casi por completo, y su abundante cabello rubio dorado cayó sobre su cara. Las lágrimas brotaron irresistiblemente de sus grandes ojos, que, suplicando, se elevaron al Señor. Jesús se volvió y la miró pacientemente, pero con gran gravedad.

En cuanto a los discípulos, y especialmente al dueño de la casa, encontraron que era impropia que esta mujer los molestara. Simón le dice a Jesús:

“¡Sé que es una gran pecadora! ¿No quieres despedirla? ”

Simón era un fariseo. Jesús lo miró y luego, examinando cuidadosamente a todos los que lo rodeaban, sacudió la cabeza con suavidad y dijo:

“Simón, escucha lo que te voy a decir, un acreedor tenía dos deudores; uno debía quinientos, y el otro cincuenta. Pero como no tenían nada, les entregó su deuda a ambos.

Mira a esta mujer, ella me lavó con sus lágrimas y me ungió los pies. Y tú, ¿hiciste lo mismo?

Muchos pecados son perdonados porque ella ha dado mucho amor. Pero al que ama poco, le será perdonado poco.

María Magdalena, tus pecados te son perdonados. Tu fe te salvó. ¡Vete en paz!

Y María Magdalena se levantó y salió. Se sintió aliviada de una pesada carga.

Sin embargo, aquellos que se sentaron alrededor de la mesa se sorprendieron enormemente de que Jesús perdonara los pecados.

María Magdalena estaba rodeada por una envoltura luminosa que la iluminaba. Ella era feliz Caminaba como un sueño, sin saber cómo había vuelto. Ella pronto encontró a las otras mujeres; Ella estaba literalmente atraída por ellos. Sentía que ahora podía hablar con ellos sin restricciones y preguntarles sobre cualquier cosa que conmoviera su alma.

Ella notaba constantemente la simplicidad y la naturalidad con que acogían todo lo que aparecía durante el día y la alegría con la que comprendían todo lo que podía hacerles progresar, y otros, en el campo que fuera.

Observaba cada una de sus reacciones; sintió sus intenciones y sus pensamientos y, con el alma abierta, escuchó sus palabras; ella quería aprender de ellos porque sabía que Jesús mismo los había guiado y bendecido.

Le hablaron de Jesús, y cada una de sus palabras reflejaba su fidelidad, su amor y su devoción al Señor.

María Magdalena se hizo cada vez más silenciosa y modesta; Se escuchó a sí misma y ya no se reconoció. ¿Dónde estaban las muchas emociones y pensamientos que generalmente la mantenían en movimiento, a veces haciéndola tan preocupada, arrogante y apasionada? La calma estaba en ella, y solo una vibraba en su alma un sonido puro como la clara resonancia de una campana. Una luz se había encendido en ella, y ella oró sin tener que buscar sus palabras.

Por la noche, a menudo estaba despierta en su cama estrecha y dura, pero esas noches de vigilia le proporcionaban más fuerza y ​​comodidad que las que jamás había tenido el sueño más profundo. Ella sabía, cuando se levantó por la mañana, que toda su vida debería ser nueva. Es por eso que decidió orar a Jesús para que le permitiera servirlo, como lo hicieron otras mujeres.

Quería separarse de su vida pasada, quería vender sus posesiones y sus joyas, y lograr igualar a estas mujeres en humildad, fidelidad y pureza para poder llevar, como ellas, una luz radiante en su alma. Ella fue guiada de una manera maravillosa. A veces le parecía que un espíritu de ayuda estaba a su lado y la aconsejaba.

Llena de confianza y completamente relajada, se rindió a las emociones de su alma y aprendió muchas cosas. Cuando Jesús habló, ella siempre estuvo presente. Ella dio la bienvenida a su Palabra como una sed.

Primero, ella no regresó a casa, sino que siguió al Señor. Ella sabía que su camino lo conducía a Jerusalén, y eso le resultaba particularmente opresivo. Por eso ella le preguntó a Jesús mientras él estaba solo en el jardín frente a la casa de Simón:

“Señor, ¿me permites que te acompañe?”

Él la miró con gravedad y dijo:

“Tu oración es respondida. Ven y sígueme “. Luego continuó amablemente:

“María Magdalena, serás testigo de los eventos de Dios en la Tierra. Pero por el momento, solo capturarás una pequeña parte y la anunciarás. Tu camino no es un comienzo como piensas, sino una continuación. Usted volverá.

Como siempre, cuando la Luz Divina pone Su pie en la Tierra, ustedes, los elegidos, estarán presentes, siempre que no se desvíen.

No entenderás todo el ciclo hasta que venga el Hijo del Hombre. Por ahora, no estás lista para eso. Todavía tengo mucho que decirte, pero ni siquiera entiendes por lo que estás pasando ahora; ¿Cómo podrías entender el futuro?

Quiero ayudarte a encontrar la Vida; asegúrese de mantenerlo! No traigo juicio; Te guío en el camino hacia el Reino de Dios. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, tú también me verás. ¡Porque yo y el Padre somos uno, y Él está en Él! ”

María Magdalena era inteligente y más madura que otras mujeres. Los muchos sufrimientos que había experimentado la hicieron progresar rápidamente. Es por eso que ella pudo entender las palabras de Jesús con gran facilidad, y cada vez que Él le hablaba, progresaba tremendamente en su evolución. Ella acogió Su Palabra con su espíritu y pudo representarla en imágenes; Le parecía que más y más Luz se vertía en ella cada día. Asi es como

Pero, como resultado, ella también sintió el enfoque del camino lleno de zarzas que no se podía salvar a ninguno de ellos en esta Tierra. Ella vio el sol ardiente cuya mirada hizo que el camino fuera una verdadera tortura cuando, la mayoría de las veces en medio de una multitud compacta que quería seguir a Jesús, ella caminaba en un polvo espeso.

También vio una nube negra, delgada como una neblina, extendida sobre la ardiente luz del sol.

“Debes advertir al Señor contra Jerusalén”, dijo algo en ella.

Eso es lo que ella hizo. Pero Él solo la miró con amor. “Tengo que seguir mi camino hasta el final si quiero volver a donde vengo”.

María Magdalena vio entonces una resplandeciente luz blanca en forma de cruz que emanaba de la silueta del Señor. Pero ella no le dijo a los demás, porque Él lo prohibió.

Uno de los discípulos estaba espiando a María Magdalena como si la mirara con envidia y sospecha. Era la mirilla de Ischariot. Ella lo evitó en la medida de lo posible; de hecho, desde que lo había visto por primera vez, sabía que nada bueno podía venir de este hombre. Ella constantemente se reprochaba a sí misma porque era un seguidor de Jesús, y el Señor era particularmente bueno con él.

En primer lugar, ella había huido porque él siempre estaba arruinando sus mejores horas con una pregunta u otra. Luego se obligó a soportarlo. Lo hizo por amor a Jesús, pero sufrió. Ella vio claramente ahora que Judas estaba alimentando proyectos oscuros. Cada día se volvió más arrogante y más sospechoso.

Una gran ansiedad se apoderó de María Magdalena. Ella fue a todas partes y miró todo. Si ella quería descansar, algo la empujaba a levantarse. La angustia y la preocupación la ganaron tanto que se volvió insoportable. No fue por ella misma que se atormentó, sino por Jesús.

Ella habló a los discípulos; Pedro le explicó que durante mucho tiempo habían formado un círculo protector alrededor del Señor y que los dones que Él había colocado en ellos actuarían a través de ellos y darían fruto. También explicó que Jesús estaba enviando a los discípulos a la misión para que pudieran reconocer lo que eran capaces de hacer en su voluntad. Podría tranquilizarse cuando supiera que uno de ellos estaba cerca de Jesús.

Sin embargo, no estuvo tranquila hasta que comprendió que de ahora en adelante no debería seguir al Señor que estaba suficientemente rodeado por el suyo, sino que debería preferirle a Él. Ella fue a ver a Jesús y le pidió que la dejara regresar a Jerusalén, pero no le dio la razón.

Pero Jesús, que la conocía, le respondió:

Ve en paz. Ponga sus cosas en orden y prepare el camino para sus amigos “.

Esta vez, ella no entendió exactamente las palabras del Señor. Sin embargo, al pensar en las personas que vería después de su propia transformación interior, vio una serie de hilos claros que la precedían, atrayendo o repeliendo a otros. Tenía la impresión de caminar en medio de fuerzas radiantes y activas que se proyectaba a su alrededor. Desde que ella había dado el paso voluntariamente y había elegido trabajar para Jesús, la fuerza que Él le había dado estaba irradiando a su alrededor. Se fue, pues, penetrada con una nueva vida; ella ya no tenia miedo

Ella se había convertido en una extraña en su propia casa. Cruzó las lujosas habitaciones y el hermoso jardín como si se quedara allí como una huésped que, por supuesto, se había aprovechado de la belleza y la comodidad, pero que ahora quería continuar su viaje abandonando todo con alegría.

Los criados la saludaron de varias maneras. Algunos, una vez tímidos y reservados, ahora se sentían atraídos por su amante. Pero los otros, que antes lo habían servido con celo, adoptaron una actitud casi hostil, incluso arrogante, cuando María Magdalena les habló. Estaban irritados hasta el punto de no saber a dónde había ido su señora para haber regresado tan transformada.

Se rieron de sus ropas sencillas, y sin ningún adorno; algunos incluso le dieron la espalda, encogiéndose de hombros, porque se habían dado cuenta de que no tenían nada que ganar al quedarse allí. La edad de oro parecía haber terminado. María Magdalena les parecía muy lastimosa.

Bromeaban sobre ella, olvidando con qué amabilidad los había tratado siempre.

Ella les dice que se vayan. Fueron despedidos por el mayordomo con un buen sueldo y regalos. En cuanto a los demás, permanecieron a su servicio.

Sus conocidos y amigos reaccionaron de la misma manera que los sirvientes de su propia casa. Muchos la ignoraron completamente o fingieron no recordarla.

Ella también los miró con otros ojos. Descubrió muchos valores bajo apariencias muy modestas, y solo vio el vacío y la presunción donde había admirado durante mucho tiempo. Durante su corta ausencia, ella había aprendido a reconocer el valor del ser humano con los ojos de la mente en lugar de juzgar de acuerdo con las concepciones terrenales.

¡Los que ella podría llevar a Jesús eran muy pocos! Y, sin embargo, pensó que era mejor mirarlos y darle un buen uso a sus relaciones. Por lo tanto, trató de aprovechar los hilos que le permitieron vislumbrar el comportamiento de los fariseos, romanos y judíos.

No fue fácil en estos tiempos difíciles. Entre sus viejos amigos, más de uno la consideraba con miedo. No se atrevieron a hablar en su presencia y se sintieron avergonzados.

La tensión y la agitación de la gran ciudad pesaron más que nunca sobre los seres humanos y los oprimieron. A María Magdalena le pareció que un poder oscuro indescriptible se concentraba en él y estaba en alerta, mientras una Luz maravillosa y clara se acercaba a este horrible pantano con una fuerza radiante. Una terrible angustia volvió a apoderarse de María Magdalena.

No encontró paz, ni de día ni de noche, y trató de comprender la naturaleza de esta ciudad siniestra. Los amigos de los discípulos la recibieron, y ella podría ser muy útil para ellos en muchas cosas. Había uno que esperaba con gran alegría la llegada de Jesús: era José de Arimatea. Estaba preparando su casa para recibirlo.

María Magdalena fue a su casa, le habló de la preocupación que tenía por Jesús y no le dio respiro; ella también le contó sobre el comportamiento perturbador de Judas.

José la calmó y le prometió mantenerse alerta. En su opinión, Jerusalén estaba esperando al Señor con nostalgia y toda la ciudad estaba hablando sobre lo que estaba haciendo.

Así llegó la hora fatídica cuando, rodeado de gozo y baile, festejado por resonantes hosannas, el Hijo de Dios hizo su entrada en medio de sus discípulos. La ciudad entera parecía haberse convertido en un inmenso hormiguero.

En una agitación febril, las masas se agolparon alegremente en las calles y plazas. Durante horas se quedaron en la carretera esperando al Señor.

María Magdalena no pudo llegar a Jesús: la multitud que había invadido las estrechas calles era demasiado densa. Ella solo escuchó la indescriptible alegría y lo que la gente decía. La ciudad estaba en estado de embriaguez.

Por caminos tortuosos, luchando contra la marea humana, María Magdalena se dirigió a la puerta del camino a Betania, con la esperanza de encontrarse con una u otra de las mujeres.

“María Magdalena, escucha! ¡Tu verdadera actividad comienza ahora! ”

¿No era que la voz del Señor, o se trata de un ser sobrenatural, un ángel?

“Esta voz desciende sobre ti desde las Alturas sobre los rayos de la Pureza porque, al querer servir a Dios, te has abierto a ella. Muchos sufrimientos te han hecho madurar; El Señor te ha llenado de mucho amor y gracia. Cuida a las mujeres. Donde, como tú, las mujeres llevan dentro la ardiente nostalgia de la corona celestial de la Pureza, mi Fuerza actuará a través de ti. ¡Para que reconozcas quién te está hablando, mírame! “

Un resplandor celestial pareció derramarse sobre María Magdalena. Lo alcanzó en medio de su camino, en las empinadas callejuelas bordeadas por muros de la antigua Jerusalén. Como si estuviera cautivada por el brillo de esta luz, se apoyó contra una pared y cerró los ojos. Ella estaba sola A pesar de sus párpados cerrados, el brillo permaneció ante su ojo interno, incluso aumentó, y una cara luminosa la miró desde lo alto.


Seguirá….

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“La  traducción del idioma francés al español puede restar fuerza y luz a las palabras en idioma alemán original …pido disculpas por ello”

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