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EL CLAMOR POR EL REMEDIADOR

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El clamor por el remediador

Observemos más de cerca a todos aquellos hombres que hoy día buscan con especialísimo ardor un guía espiritual, a aquellos que, interiormente encumbrados, esperan su venida. En su opinión, poseen ya preparación espiritual sólida y suficiente para reconocerle y oír su palabra.

Mirando detenidamente, notamos una pluralidad de divergencias. La Misión de Cristo, por ejemplo, ha producido en grán número de hombres un efecto singular. Se han formado una falsa imagen de ella. La causa, como de costumbre, fue la equívoca apreciación de sí mismos, la presunción.

En lugar del respeto de antaño y del mantenimiento de un abismo natural y una bien definida delimitación con respecto a su Dios, ha surgido, de una parte, una mendicidad plañidera que sólo quiere recibir de continuo y no hacer nada bajo ningún concepto. Muy gustosos han admitido el “ora”, pero que al mismo tiempo se diga también “y labora”, es decir, “labora en tí mismo”, de eso no quieren saber nada.

De otra parte, a su vez, se creen lo suficientemente autónomos e independientes para poder hacerlo todo por sí mismos, e incluso, con un poco de esfuerzo, lograr alcanzar la divinidad.

Existen asimismo muchos hombres que no hacen otra cosa que exigir y esperar que Dios corra tras ellos: ¡El hecho mismo de haber enviado ya una vez a su Hijo, señala cuán grande llega a ser Su interés de que la humanidad se acerque a Él, más aún, la necesidad que probablemente tiene de ella!

Adondequiera que se mire no se encuentra más que arrogancia, ni un atisbo de humildad. Falta la justa apreciación del propio valer. –

En primer lugar, será preciso que el hombre descienda de su encumbramiento artificial a fin de que pueda convertirse, real y verdaderamente, en hombre y, como tal, pueda iniciar su ascensión.

Actualmente se halla al pie de la montaña, henchido de orgullo espiritual, sentado en un árbol en lugar de mantenerse firme y seguro con ambos pies en el suelo. Es por ello que jamás podrá ascender a la montaña, a menos que antes baje o caiga del árbol.

Pero, entre tanto, probablemente hayan llegado ya a la cumbre aquellos que, serenos y sensatos, pasaron recorriendo su camino al pie del árbol desde donde él los contemplaba altanero.

Los acontecimientos, sin embargo, vendrán en su ayuda; pues el árbol ha de venirse abajo en un futuro muy próximo. Tal vez el hombre reflexione más cuerdamente cuando caiga a tierra bruscamente desde su tambaleante encumbramiento. El momento crítico habrá llegado entonces para él, ni una sola hora le quedará que perder.

Piensan ahora muchos que esta desidia podrá continuar como ha venido ocurriendo desde hace miles de años. Sentados a sus anchas en sus poltronas, aguardan la venida de un guía poderoso.

Más, ¡qué idea tienen de ese guía! En verdad que inspiran compasión. En primer lugar esperan de él o, mejor dicho, exigen de él que prepare a cada uno de ellos el camino de ascención hacia la Luz. ¡Él es quien ha de esforzarse en tender para los adeptos de cada religión puentes que conduzcan al camino de la Verdad! Él ha de hacerlo todo tan sencillo y comprensible, que cualquiera pueda entenderlo con facilidad. Sus palabras han de ser elegidas de tal suerte que su precisión convenza de igual modo a grandes y chicos de toda condición.

En cuanto el hombre tenga que esforzarse personalmente y pensar por sí mismo, aquél ya no será más el verdadero guía. Pues, si fue llamado a mostrar con su palabra el buen camino, se sobreentiende que también ha de preocuparse por los hombres. Su misión es convencerlos, despertarlos, ¡también Cristo ofrendó su vida!

Quienes así piensan actualmente, y son muchos, no necesitan ya esforzarse; pues, a semejanza de las vírgenes necias, van al encuentro de un “demasiado tarde”.

El guía, por cierto, no los despertará, sino que dejará que sigan durmiendo confiados hasta que se cierre la puerta y no puedan ya encontrar acceso a la Luz, por no haber sabido liberarse a tiempo del dominio de la materia, para cuyo logro la palabra del guía les mostraba el camino.

Pues el hombre no es tan valioso como se imagina. ¡Dios no lo necesita, él en cambio necesita de su Dios!

Ya que la humanidad en su pretendido progreso ya no sabe hoy día lo que realmente quiere, tendrá que enterarse al fin de lo que debe.

Este género de hombres pasará de largo buscando y criticando con aire de superioridad, como tantos otros que lo hicieron antaño ante Aquél para cuya venida ya todo estaba preparado por las revelaciones.

¿Cómo puede uno imaginarse así a un guía espiritual? ¡Él no hará concesión alguna a la humanidad, ni aún la más mínima, y exigirá allí donde se espera que dé!

Pero el hombre capaz de pensar con seriedad reconocerá bien pronto que precisamente en la exigencia rigurosa e implacable de una reflexión detenida reside la mejor ayuda para la salvación de la humanidad, tan enmarañada ya en su pereza espiritual. Por el hecho mismo de que un guía exija de antemano actividad espiritual para la comprensión de sus palabras, voluntad sincera y esfuerzo personal, estará desde un principio en situación de separar fácilmente el trigo de la paja. Hay en ello una actividad autónoma como la que existe en las Leyes divinas. En este punto también el hombre recibirá exactamente lo que haya deseado en realidad. –

También existe, empero, otra categoría de hombres: ¡los que se creen particularmente despiertos!

La imagen que éstos se han forjado de un guía es, por descontado, muy distinta, como puede leerse en ciertas exposiciones. Su idea, sin embargo, no es menos grotesca; pues esperan de él que sea … ¡un acróbata espiritual!

En todo caso millares de personas creen que la clarividencia, la superdotación auditiva y sensitiva, constituirían un progreso, cuando en realidad no es así. Una facultad de tal índole aprendida, desarrollada o incluso innata nunca podrá remontarse por encima del aprisionamiento terrenal, siendo ejercida sólo dentro de límites inferiores que jamás podrán reclamar derecho alguno a las alturas y, por consiguiente, su valor es harto exiguo.

¿Se pretende acaso contribuir así a la ascención de la humanidad, mostrándole o enseñándole a ver y oír las cosas de la materialidad etérea que se encuentran a su mismo nivel?

Todo esto no tiene que ver lo más mínimo con la verdadera ascensión del espíritu. Incluso para los eventos terrenales su utilidad es nula. Se trata meramente de malabarismos espirituales, y no de otra cosa; interesantes para algunos, mas para la totalidad de la humanidad carentes de todo valor.

Que todos esos individuos deseen también un salvador que se les asemeje y que, en definitiva, sepa más que ellos, es muy fácil de comprender.

Elevado es, empero, el número de aquellos que en tales consideraciones van aún más lejos, hasta lo ridículo. Y que, no obstante, toman el asunto muy en serio.

Consideran éstos también como requisito fundamental para probar la autenticidad del guía, que por ejemplo … ¡no pueda resfriarse! Quien puede resfriarse queda ya descartado; puesto que, eso no corresponde a la idea que ellos tienen de un guía ideal. Un ser poderoso ha de estar en todo caso, y en primer lugar en cuanto a su espíritu, muy por encima de tales futilezas.

Todo esto puede parecer tal vez artificioso y ridículo; sin embargo, se ha tomado sólo de hechos y no significa otra cosa que una atenuada repetición de la exclamación de antaño: “Si eres el Hijo de Dios, sálvate a ti mismo y baja de la cruz”. ¡Esto se dice ya hoy día, cuando ni siquiera se vislumbra un guía semejante!

¡Pobres hombres ignorantes! El que entrena su cuerpo de manera tan unilateral que momentáneamente puede hacerse insensible utilizando la fuerza de su espíritu, no es de ninguna manera un ser superior extraordinario. Quienes le admiran se asemejan a los niños de siglos pasados que, boquiabiertos y con los ojos brillantes, seguían las contorsiones de los saltimbanquis al tiempo que iba despertándose en ellos el ardiente deseo de poder llegar a imitarlos.

Y muchísimos de los que hoy día se llaman buscadores de Dios o buscadores en el campo del espíritu no han adelantado más en el plano espiritual que los niños de entonces en aquel sector enteramente terrenal.

Sigamos en nuestras reflexiones: los volatineros ambulantes de antaño, a que acabo de referirme, fueron perfeccionándose más y más, llegando a convertirse en acróbatas por circos y teatros de varietés. Sus capacidades han tomado proporciones gigantescas, y actualmente millares de personas, difíciles de contentar, siguen mirando sus exhibiciones con renovado asombro y, no pocas veces, con estremecimiento interior.

Ahora bien: ¿Qué provecho sacan de ello para sí mismos, qué se llevan de esas horas? Aun cuando más de uno de esos acróbatas arriesgue su vida en sus exhibiciones: nada en absoluto; pues, incluso en su máxima perfección, todas estas cosas siempre habrán de permanecer dentro del marco de las varietés y de los circos. Siempre seguirán sirviendo de mera diversión, mas nunca llegarán a constituir un beneficio para la humanidad.

Y, no obstante, ¡semejante acrobatismo en el sector espiritual sirve actualmente de criterio para reconocer al gran guía!

¡Dejad a tales hombres sus payasos del espíritu! ¡Pronto verán adónde conduce tal postura! En el fondo ellos ignoran también aquello que quieren alcanzar. Viven en la ilusión de que sólo es grande aquél cuyo espíritu domina el cuerpo de tal suerte que ya no conoce la enfermedad.

Toda formación de tal género es unilateral, y todo lo unilateral sólo puede traer consigo lo malsano, lo enfermo. ¡Con estas prácticas no se fortalece el espíritu sino que el cuerpo se debilita! La proporción necesaria para la sana armonía entre el cuerpo y el espíritu se disloca, y el final es, que un espíritu tal acaba desprendiéndose mucho más pronto del cuerpo maltratado que ya no puede garantizarle la resonancia vigorosa y sana, necesaria para las experiencias de la vida terrenal. Pero, faltándole al espíritu esa resonancia, éste pasa al más allá sin la suficiente madurez, teniendo que volver a vivir, nuevamente, su existencia terrenal.

No se trata, pues, de otra cosa que de acrobacias espirituales a costa del cuerpo terrenal que, en realidad, debiera ayudar al espíritu. El cuerpo forma parte de un periodo de evolución del espíritu. Mas si se debilita y reprime, de poco puede servirle al espíritu, pues sus irradiaciones son entonces demasiado débiles para transmitirle la fuerza integral que le es necesaria en la materialidad.

Cuando una persona desea reprimir una enfermedad, ha de provocar espiritualmente sobre su cuerpo una presión extática. De modo semejante, en pequeña escala, el miedo al dentista es capaz de eliminar el dolor.

Un cuerpo puede soportar sin peligro, una o quizás varias veces, tales estados de alta excitación, pero no puede hacerlo de continuo sin sufrir serios daños.

Y si un guía lo hace o lo aconseja, no es digno de serlo; pues con ello contraviene las leyes naturales de la Creación. El hombre terrenal debe conservar su cuerpo como un bien que le ha sido confiado y tratar de establecer una sana armonía entre el espíritu y el cuerpo. Si esa armonía se perturba por una supresión unilateral, ello no supone progreso ni ascención alguna, sino un obstáculo decisivo en el cumplimiento de su misión en la Tierra y, en suma, en la materialidad. La fuerza integral del espíritu, a razón de su efecto en la materialidad, se pierde, porque para ello el hombre necesita, en todo caso, la fuerza de un cuerpo físico no subyugado, sino en armonía con el espíritu.

¡Aquél a quién se le dé, basándose en tales procederes, el título de maestro es menos que un alumno ignorante de las tareas del espíritu humano y sus necesidades evolutivas; es un elemento nocivo para el espíritu!

Quienes así actúan pronto reconocerán dolorosamente su insensatez.

Mas todo guía falso tendrá que pasar por amargas experiencias. Su ascención en el más allá no podrá iniciarse sino cuando hasta el último de todos los que detuvo – o incluso extravió – con sus futilezas espirituales haya llegado al verdadero conocimiento. Mientras sus libros y sus escritos continúen surtiendo sus efectos aquí en la Tierra, permanecerá retenido aún cuando entretanto haya reconocido allá su error.

Quien aconseja una formación ocultista da piedras a los hombres en lugar de pan, y muestra a su vez, que ni siquiera tiene la menor idea de lo que realmente ocurre en el más allá y menos aún de todo el mecanismo universal.

Abd-ru-shin
MENSAJE DEL GRIAL

El clamor por el Remediador

“Clamor por el remediador ”

De la Obra Eterna y Sagrada “En la Luz de la Verdad”
Mensaje del Grial de Abd-ru-shin

Para la absorción apropiada del Mensaje de Grial,
es esencial leer las disertaciones en la secuencia dada.
De otra forma…habrán lagunas que imposibilitarán un entendimiento completo.

“La Obra “En la Luz de la Verdad” es una fuente de Conocimiento Puro para todos aquellos quienes sinceramente buscan por La Verdad.”

Abd-ru-shin nunca tuvo la intención de fundar una nueva religión, secta o comunidad religiosa.

https://shop-gral.com/es-international/es/es-conferencias-selectas-pdf.html

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En la Luz de la Verdad – Mensaje del Grial de Abd-ru-shin


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LA VENDA CAE Y LA FE SE TORNA CONVICCIÓN

EXORDIO
La venda cae y la fe se torna convicción. ¡Sólo en la convicción reside la liberación y la redención!

Mis palabras van dirigidas solamente a quienes buscan con seriedad. Ellos deben estar dotados de capacidad y voluntad para estudiar con objetividad esta objetiva obra. Los fanáticos religiosos y los entusiastas inconstantes que desistan de ello, pues sólo perjudican a la Verdad. Los malintencionados y los que prejuzgan habrán de encontrar por sí mismos su juicio en las palabras.

El Mensaje alcanzará solamente a quienes todavía conserven en sí una chispa de Verdad y el ardiente deseo de ser realmente hombres. A todos ellos servirá de faro y báculo. Sin rodeos los sacará del caos de la actual confusión.

La Palabra que viene a continuación no pretende aportar una nueva religión, sino ser para todos los oyentes y lectores sinceros la antorcha con que encontrar el camino recto que los conduzca a las anheladas Alturas.

Sólo quien se mueve por sí mismo puede avanzar espiritualmente. El necio que se vale para ello de recursos ajenos en forma de concepciones hechas, recorre su senda no de otra suerte que el que se apoya en muletas en tanto que sus propios miembros sanos permanecen inactivos.

Mas en cuanto recurre a todas las facultades que, dormitando en él esperan su llamada y resueltamente las emplea para la ascensión, aprovecha según la Voluntad de su Creador el “talento” que le fue confiado. Así podrá superar fácilmente cuantos obstáculos se crucen en su camino con ánimo de descarriarle.

¡Despertad, pues! Sólo en la convicción reside la fe auténtica, y la convicción sólo se logra mediante un estudio y un examen implacables. ¡Erguíos como seres vivientes en la maravillosa Creación de vuestro Dios!

 

Abd-ru-shin
MENSAJE DEL GRIAL

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“Exordio” de la Obra Eterna y Sagrada “En la Luz de la Verdad”
Mensaje del Grial de Abd-ru-shin
Para la absorción apropiada del Mensaje de Grial,
es esencial leer las disertaciones en la secuencia dada.
De otra forma…habrán lagunas que imposibilitarán un entendimiento completo.

“La Obra “En la Luz de la Verdad” es una fuente de Conocimiento Puro
para todos aquellos quienes sinceramente buscan por La Verdad.”

Abd-ru-shin nunca tuvo la intención de fundar una nueva religión,
secta o comunidad religiosa.

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LA TUMBA EN LAS MONTAÑAS

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LA TUMBA EN LAS MONTAÑAS

La lectura del pequeño folleto me había hecho reflexionar. Me sorprendió singularmente la forma en que este hombre explicó los problemas de la vida.Por cierto, ¿los explicó? Sí, hasta cierto punto.Pero lo que acababa de leer superaba lo que generalmente se entiende por “explicación”.

Un amigo me había traído el pequeño folleto. Siempre me había interesado todo lo relacionado con el sentido de la vida.Pero nada me ha conmovido tanto como las palabras de este hombre, llamado Abdrushin.

Esta voz grave, que dio origen a una melodía en mi alma, me parecía que ya la había escuchado antes, en el pasado lejano, y sentí el inmenso amor que emanaba de estas “Hojas del Grial”, un amor que despierta el bien en el hombre, a pesar de la severidad contenida en las palabras de Abdrushin.

Sentí claramente que eran “pulsadas”, y no compuestas y buscadas a la manera de los hombres.Se levantan como una roca inquebrantable.

Y un día, estaba frente a Abdrushin. Las calumnias, que los periódicos lanzaron contra él, no me habían impedido ir al Tirol, donde el autor del Mensaje del Grial vivía en las montañas.

No podía ver nada fanático en su persona, y mis oídos no escucharon palabras untuosas ni oscuridad mística. La comprensión y el amor de todo lo que vive en la creación estaba irradiando literalmente de él.

Habló del significado de la vida, la formación y evolución del espíritu humano. Ante mis ojos, las grandes secuencias de “vida” se desplegaron.

Todo debe su presencia al origen supremo de toda existencia, a DIOS. Solo el hombre se mantiene apartado de las leyes de la naturaleza, no quiere encajar en todo, perdió su camino…para ir a la aventura.

Solo la vida de acuerdo con las leyes inmutables de Dios, las leyes explicadas en el Mensaje del Grial y de acuerdo con las palabras de Cristo, le devolverán la armonía y la felicidad nuevamente.

En este día, aprendí mucho y vislumbré perspectivas infinitas. Regresé, conmovido. Se me ha revelado una Verdad que quiere llegar a los hombres en gran angustia.

* * *
Han pasado años desde mi inolvidable visita al Tirol. Mientras tanto, la guerra se extendió por toda la Tierra, extendiendo la destrucción y la desgracia.

La voz de Abdrushin desde la verdad sonaba en vano. Sólo unos pocos hombres lo escucharon.
Desconocido, desconocido, Abdrushin dejó esta Tierra.

* * *
Una vez más subí a la montaña, pensativo y triste. Mis pensamientos no pudieron calmarse.

¿Podrían los hombres ser tan malos como para rechazar la ayuda
que los devuelve con solicitud en el camino de la Verdad?

No, esto no es posible! Sólo se han ido. Su parte inferior no es gangrenosa, solo parece oscurecida por el amor a lo terrenal, lo pasajero …lo humano es vano.El espíritu que resiste…siempre queda

Las manos amorosas habían construido una pirámide para recibir los restos mortales de el Maestro. Allá arriba, en la montaña, su silueta silenciosa y severa domina el valle.

Con una mano conmovedora acaricié amorosamente la piedra fría.

Mientras las flores estén floreciendo, mientras suenen las aguas
y las montañas se eleven hasta el infinito…
habrá hombres para escuchar la voz de Abdrushin
y seguir el camino de la libertad espiritual.

Publicado en noviembre de 1951 por Alfred Grégoire en “Comunicación”

http://message-du-graal.blogspot.com

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LA VOZ DE ABDRUSHIN

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Mientras las flores estén floreciendo, mientras suenen las aguas y las montañas se eleven hasta el infinito… habrá hombres para escuchar la voz de Abdrushin y seguir el camino de la libertad espiritual.

Alfred Grégoire

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LA OBRA EN LA LUZ DE LA VERDAD

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La Obra En la Luz de la Verdad nos permite aprender la sencilla e incólume Verdad a través de la descripción perfecta de toda la Creación y del funcionamiento de sus Leyes Universales.

Específicamente, podemos encontrar el claro y directo camino que guía a los espíritus humanos para la auto concienciación a su desarrollo espiritual y a su regreso fuera de este mundo material…volviendo al mundo espiritual…de donde vinieron con la finalidad de desarrollar sus Espíritus.

http://www.conocimiento-espiritual.es

Abd-ru-shin

EL MOTIVO DE LA EXISTENCIA DE ESTA PÁGINA

Al recordar el motivo del nacimiento de esta página, permíteme de nuevo,
hacerte entrega del conocimiento Sagrado de la existencia de La Palabra viva.

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Palabra que proviene de la Luz misma y se encuentra en el Mensaje del Grial, en la Obra Eterna “En la Luz de la Verdad” de nuestro Señor
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“Con mi palabra, os conduzco nuevamente a Dios, del que, poco a poco, os habéis alejado a causa de todos los que ponen ese pretendido saber humano por encima de la sabiduría divina.”

Abd-ru-shin

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Mis palabras van dirigidas solamente a quienes buscan con seriedad.Ellos deben estar dotados de capacidad y voluntad para estudiar con objetividad esta objetiva obra.

Palabras del Mensaje del Grial de Abd-ru-shin

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El Mensaje alcanzará solamente a quienes todavía conserven en sí una chispa de Verdad y el ardiente deseo de ser realmente seres humanos.

Palabras del Mensaje del Grial de Abd-ru-shin “Exordio”

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Abd-ru-shin, En la Luz de la Verdad, Mensaje del Grial

ABDRUSHIN, En la Luz de la Verdad, Mensaje del Grial

 

 

“¡Este Mensaje del Grial da la primera piedra básica sin un hueco en una sorprendente nueva concepción del mundo, comprensible para todos los seres humanos en su forma simple y clara!

Es, en su asombrosa brevedad, la Clave universal de todos los enigmas cósmicos hasta ahora no resueltos y las preguntas abiertas de la humanidad, así como para la comprensión de todos los eventos.”

Prospecto publicado en el otoño de 1926
por la editorial Grail Leaves en Tutzing

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MOISÉS (9)

 

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MOISÉS (9)

¿No era demasiado arriesgado? Asumió la responsabilidad de un gran pueblo. El viaje duraría años. Durante años, tendría que caminar a la cabeza del pueblo de Israel, hacia lo desconocido. Cada paso en falso irritaría a los descontentos en su contra, podrían cansarse de él durante este largo período, rechazar su obediencia …

– Señor, Señor, lloró en voz alta, mantente cerca de mí mientras yo no habré hecho todo!

Al caer la noche, Moisés fue a su habitación. No vio los ojos tristes de su esposa, quien lo instó a quedarse con ella. Moisés se quedó solo, mirando a la oscuridad. Una angustia completamente nueva lo venció, lo oprimió, lo ahogó. Moisés perdió la conciencia; Parecía estar solo en un reino extraño.

Solo y abandonado, Moisés estaba cruzando una inmensa llanura. Fue empujado incansablemente hacia adelante, cada vez más hacia lo desconocido.

– ¿Dónde están mis pies? ¿Cuál es mi objetivo? Me atrae poderosamente y, sin embargo, me gustaría volver para no ver esta cosa espantosa que me espera.

Se vio obligado a seguir su camino, siempre más lejos. ¡No hubo parada, ni descanso, ni retorno posible!

Surgió una terrible tormenta; gritando, ella persiguió enormes masas de arena frente a ella, lanzándolas en un torbellino contra el viajero solitario que tuvo que hacer todo lo posible para no retroceder. Una ciudad de tiendas de campaña se alzaba en la distancia, fue ella quien lo atrajo …

– ¿Dónde he visto estas tiendas? ¿No fue Abd-ru-shin quien me llevó a su tienda? … Sí, ese es mi objetivo, ahora sé a dónde debo ir. ¿Es necesario? ¿No es ese mi deseo? ¿Por qué tengo que ir a Abd-rushin? … El campamento parece estar inmerso en una gran calma. Puede ser oscuro …

Mientras pasaba entre las tiendas, Moisés escuchó la respiración profunda de los durmientes detrás de las cortinas cerradas. Irresistiblemente, fue empujado hacia esta tienda que, tranquila y solitaria, estaba a cierta distancia, a cierta distancia de las demás.

Con los brazos dibujados en sus manos, dos árabes estaban sentados frente a la entrada, con las piernas cruzadas. Sus ojos estaban abiertos y, sin embargo, no lo vieron acercarse a la tienda. Moisés se sorprendió, pero se quedó en silencio. Allí, un hombre llegó arrastrándose hacia un lado. Como una serpiente, se resbaló en el suelo, se movió hacia adelante sin escuchar el menor sonido. Moisés lo miró de cerca. Sabía que no podía detener a este hombre. Solo era el espectador de lo que iba a pasar.

El hombre había llegado a la tienda. Se escuchó un leve sonido de canto, una lágrima se partió a través del lienzo de la tienda … Moisés entró corriendo, pasó junto a los centinelas y vio a Abd-ru-shin dormido en su cama. El intruso se inclinó sobre el durmiente y observó su respiración. Su mano luego se deslizó por el cuerpo de Abd-ru-shin, rozando como una bestia huele su presa … La cabeza del extraño se enderezó de vez en cuando para escuchar, pero ningún sonido del exterior lo perturbó. Moisés cedió a su impulso. Se arrojó sobre el desconocido, lo agarró del brazo, que todavía estaba buscando, pero lo atravesó y no encontró ningún agarre. Luego, en su angustia, gritó en voz alta el nombre del amado príncipe.

Abd-ru-shin se movió, como si hubiera escuchado el grito de angustia llamándolo. Abrió los ojos y, sorprendido, vio un rostro desconocido. Sus labios iban a hacer una pregunta … Rápido como un relámpago, el extraño agarró la daga que llevaba entre los dientes … y la hundió en el pecho de Abd-ru-shin … Pero  La última mirada inquisitiva del príncipe penetró en el corazón del asesino. Ahogó un grito y, temblando, arrancó el anillo del brazo de su víctima.

El asesino arrodillado se levantó tambaleándose y, con la espalda inclinada, salió de la tienda, donde la noche lo envolvió.

Desesperado, Moisés observó el cuerpo de Abd-ru-shin endurecerse. Luego un segundo cuerpo separado de los restos mortales.

– ¡Estás vivo!

El príncipe inclinó la cabeza en señal de asentimiento; Su rostro estaba más brillante que nunca. Un velo cayó de los ojos de Moisés: reconoció los diferentes grados de evolución que el hombre debe viajar para regresar al reino espiritual.

Sin embargo, el miedo a la soledad se apoderó al ver la aparición de Abdru-shin desapareciendo gradualmente como una niebla.

– Señor! imploró, quédate cerca de mí, porque sin ti no puedo salvar a Israel.

“Ya no me necesitas, Moisés; ¡Otros siervos estarán a tu lado, otros siervos de Dios! Tú eres el amo de toda esencialidad; estará subordinado a usted y cumplirá sus órdenes en el momento en que las pronuncie.

Estas palabras, irreales y sin embargo cristalinas, vinieron de las alturas luminosas que durante mucho tiempo habían sido el alma bienvenida de Abd-ru-shin …

De repente, fuertes gritos y quejas evitaron que Moisés escuchara más. Todavía estaba en la tienda y, un poco sorprendido, observó el comportamiento de los árabes que habían encontrado el cuerpo de su amo. Entonces la puerta de la tienda se abrió de par en par y, lentamente, una forma cruzó el umbral: ¡Nahome! Su joven rostro no mostraba emoción, ni siquiera un rastro de dolor. Sólo una gran resolución la animó. Ella extendió la mano y señaló la puerta. Los árabes se inclinaron y se deslizaron …

Nahome se arrodilló junto al cuerpo. Sin comprender, los ojos de su gran niño miraban el rostro pacífico del príncipe. Ella puso suavemente la mano sobre el corazón de la víctima y vio la sangre que había permeado su ropa.

– ¡Ya has ido tan lejos que no puedes volver, Señor! ¿Dónde debería conseguirte ahora? Si te sigo ahora, lo más probable es que me estés esperando, alarga tu mano benévola … ¡y me ayudarás! ¿Ya estás con tu padre? ¿Puedo seguirte con Él?

Nahome sacó de su ropa una pequeña botella de vidrio tallado. Cuando ella lo abrió, se lanzó un perfume embriagador. Flores extrañas parecían florecer a su alrededor. Medio adormecida, Nahome se hundió, luego llevó la botella a sus labios y la vació … Sus manos se alzaron en una humilde súplica. Una última vez, su boca sonríe con toda su pura franqueza. Luego cerró los ojos y sus labios se silenciaron por un silencio eterno …

Moisés volvió de sus visiones y solo regresó dolorosamente a la realidad. No consideraba lo que había visto como un sueño; Sabía que era la verdad. En el fondo, estaba tranquilo y resignado. Así, penetrado con seguridad y confianza, se acercó a la mañana que lo esperaba. Todavía era temprano.

Deambuló por las calles y carriles desiertos, cruzó las puertas y entró en la ciudad egipcia. Hubo un silencio de otro tipo. Muchos egipcios se quedaron en su puerta, pero mostraron todos los signos de extrema angustia. El terror se podía leer en sus minas derrotadas. Al ver a Moisés, la multitud comenzó a susurrar y este murmullo se extendió palabra por palabra. En todas partes los hombres retrocedieron asustados delante de él. .. En otras ocasiones, Moisés habría sufrido, pero ahora iba por su camino, insensible. A cada paso, el espectáculo se hizo más angustiante. De todas las casas, uno salió de entre los muertos, sin siquiera lamentarse.

Durante su terrible período de sufrimiento, los hombres no habían aprendido a llorar. Casi temían atraer la miseria más fuertemente.

Entonces, por última vez, Moisés se enfrentó con el maestro de Egipto. Había repetido su pregunta y esperaba en silencio la respuesta que sabía de antemano.

Ramsés estaba completamente roto porque esa noche la mano vengativa también se había llevado a su hijo. Permaneció en silencio durante mucho tiempo antes de responder a la pregunta de Moisés. Luego se sacudió:

– ¡Ve!

– ¿Ordenarás a tu gente que nos deje ir en paz?

Entonces su dolor ardiente se desató. El rey saltó y gritó:

“¿Dejarte ir en paz? ¡Te alejaré de mi reino para que la paz finalmente pueda reinar!

Cuando regresó a su pueblo, Moisés dio la orden de irse. Pronto vimos a los hijos de Israel irse, cargados y sobrecargados de trabajo. Detrás de Moisés, que caminaba al frente, apareció una columna interminable, perseguida por amenazantes egipcios. Avanzaron lentamente, porque en todas partes se unieron otros emigrantes. En cada ciudad, en cada aldea, había israelitas, odiadas y perseguidas desde el momento de la liberación. Toda la ira, toda la indignación de los egipcios severamente probados cayó sobre los israelitas. Egipto estaba ansioso por deshacerse de sus antiguos esclavos que se habían vuelto fatales para ella. Así, la enorme marea humana avanzó hacia el Mar Rojo en una larga migración … Una vez allí, las multitudes s ‘ Se detuvo ante este primer obstáculo, que les pareció insuperable. Moisés ordenó un alto y los hombres acamparon junto al mar esperando eventos.

La noche caía. La calma y el silencio conquistaron la naturaleza y los hombres. Muchos de ellos, que encontraron el esfuerzo agotador, comenzaron a gruñir. Todavía había frutos en el camino para apaciguar su hambre, pero entre los emigrantes, algunos hicieron profecías negras sobre el sufrimiento insoportable que se avecinaba.

Moisés sintió las corrientes que se sintieron desde el principio del viaje. La amargura lo ganó. ¿Por eso había arriesgado su vida, por lo que ahora la desconfianza ya reina a su alrededor? Pero luego pensó en todos los que le estaban agradecidos, y la confianza volvió a él.

A la mañana siguiente, Moisés une a la gente al aire libre para decir una oración. Le ofreció a Dios el primer sacrificio de acción de gracias. La hora fue solemne y las oraciones de gratitud que se elevaron a Dios se hicieron eco en los corazones humanos, dándoles fe y confianza en la solicitud de su guía. Sin embargo, intrigados, esperaban saber el camino que Moisés iba a elegir ahora. Tal vez a lo largo del mar?

Enormes nubes de polvo se alzaban en la distancia. Moisés los vio primero y una intuición infalible le ordenó irse inmediatamente. Entonces se dio cuenta de su poder sobre todos los seres de esencialidad. El silencio se completó cuando levantó su bastón y lo sostuvo sobre el mar … Una tormenta furiosa se levantó, azotó las olas, las hizo a un lado y profundos remolinos se profundizaron en la superficie del agua. Sin aliento, los hombres observaron este acontecimiento inconcebible. La tormenta trazó claramente una línea de demarcación en las aguas que se dividieron en dos para propagarse a otros lugares. Ellos inundaron la orilla opuesta, pero los hombres no lo vieron.

Moisés fue el primero en poner un pie con confianza en el fondo del mar … Y el pueblo de Israel lo siguió, apresurándose, empujándose, porque todos habían visto al enemigo acercarse. Los carros y los jinetes del faraón llegaron a toda velocidad. Persiguieron a la gente para llevarlo de vuelta a la cárcel.

Solo entonces los hijos de Israel se dieron cuenta de la libertad que habían disfrutado sin prestar atención. Se acurrucaron detrás de su guía, entraron en el mar, implorando a Dios que no los dejara caer en manos de sus enemigos. ¡Más bien hundirse en esta extensión acuática les parecía infinito! Y cuando el último hombre abandonó el continente, los egipcios alcanzaron su objetivo.

En su horror, los caballos retrocedieron ante este espectáculo inaudito provocado por los seres esenciales. Los jinetes azotaron a sus animales, pero se criaron desesperadamente, saltando furiosamente a lo largo del mar sin dar un paso en el agua. Llegó el carro de Faraón. Los animales nobles parecían volar en el suelo. Sus cascos apenas tocaban el suelo. Al llegar al borde del agua, también se detuvieron, como fascinados, echando la cabeza hacia atrás.

Sin embargo, la columna disminuyó visiblemente y desapareció en el horizonte.

Y las aguas aún retenidas, sostenidas por fuerzas invisibles, a ambos lados de la carretera que cruzaba el mar.

El faraón aulló de rabia al ver que los caballos se niegan a avanzar. Los animales parecían estar bajo la influencia de un amuleto que los paralizaba. En este momento no cambiaron de lugar, y sufrieron con golpes y resignación los golpes de estos hombres despiadados.

Así pasaron para los perseguidores los preciosos minutos que se convirtieron en horas. ¡Y las aguas aún retenidas!

De repente, la tensión nerviosa de los animales se relajó; en su impaciencia se rascaban la arena con sus cascos. Nuevamente, los pilotos y los conductores de tanques intentaron hacerlos avanzar; Esta vez, y la primera vez, los animales obedecieron dócilmente. Como liberada, la columna se lanzó en busca del pueblo de Israel. Aún así, el agua seguía conteniendo. Un silencio mortal se cernía sobre el mar … Ya los egipcios se estaban riendo, ya el faraón estaba recuperando la esperanza … cuando un silbido largo y agudo sonó sobre los perseguidores que habían muerto a tiros, y el ruido que escucharon Nunca había escuchado un terror abrasador en sus almas.

Azotaron a sus caballos con frenesí … Luego, un aullido rasgó el aire, un rugido los rodeó, los caballos se detuvieron, paralizados, y un terror desconocido se apoderó de los hombres … Con truenos, un furioso la tormenta rugía alrededor de ellos, convirtiendo la calma anterior en un arrebato infernal. Aguas altas como casas se levantaron a ambos lados de la carretera, permanecieron inmóviles durante unos segundos, amenazando a los cuerpos acurrucados sobre sí mismos, y luego cayeron sobre ellos reuniendo sus olas espumosas … En el En la otra orilla, molestos, los hombres arrodillados en oración agradecieron a Dios.

Intrépido, Moisés llevó a su pueblo cada vez más lejos. Su voluntad, que se hacía más fuerte cada día desde que disfrutaba del apoyo de seres esenciales, mostraba a miles de hombres el camino que nadie conocía y que Moisés siguió desde su intuición. Se permitió que lo guiaran y estaba lleno de esperanza en cuanto al feliz resultado del trabajo realizado …

Aaron se le acercó; Fue durante el cruce del desierto del pecado. Moisés vio que un doloroso asunto lo estaba esperando. Con impaciencia, cortó la larga introducción de su hermano.

– ¿Por qué no dices que la gente está insatisfecha? Este es ciertamente el significado de tu flujo de palabras.

Aarón se quedó en silencio; maldijo a la manera franca de este hermano, que parecía adaptarse mejor a la gente que él con su arte del discurso, incluso cuando no había nada más que decir. En realidad, su misión hacia la gente había terminado; Sin embargo, todavía le gustaba pretender ser indispensable. El hecho de que Moisés lo eliminara simplemente hacía daño a su vanidad.

“Es lo mismo que supones; la gente gruñe. ¡Que Israel aguante el hambre no parece molestarte!

La ira se apoderó de moisés.

– ¿La gente tiene hambre? ¿No dije que siempre tendrían algo para comer cuando fuera necesario? ¿No le he probado a la gente cuánto se les ayuda? ¿Y todo esto, para ser olvidado al día siguiente? ¿Han sido en vano todos los milagros, todas las señales de la gracia del Señor?

– Durante días, los hombres no tienen comida. Todavía preferirían estar en Egipto. Allí habrían muerto cerca de calderos llenos; ¡Aquí se están muriendo de hambre!

Moisés, disgustado, le dio la espalda.

Hacia la noche, enormes enjambres de aves aterrizaron cerca del campamento. Las aves exhaustas permanecieron en el lugar y se dejaron llevar por los hombres. Israel pudo satisfacer su hambre y regocijarse … Aarón, sentado entre la gente, comió la codicia como los demás. Absorbido por reflexiones serias, Moisés se hizo a un lado. Sufrió indeciblemente.

Nadie estaba con él, nadie lo entendía. Fue en soledad que siguió su camino donde miles de seres se comprometían con y detrás de él.

– Señor! Él oró, satisface a este pueblo para que siga siendo bueno. Su orden de sacarlos de Egipto no debe haberse ejecutado en vano. Hoy las aves han caído del cielo y han agradado a Israel. ¿Y mañana? ¿Qué van a extrañar mañana?

Durante la noche, algo parecido a un granizo comenzó a caer, y cuando por la mañana los niños de Israel se despertaron, la tierra se cubrió en una ronda de pequeños granos. Se regocijaron ante la vista de este nuevo milagro y, una vez más, fueron todo devoción y gratitud a su guía. A partir de entonces, este granizo, una especie de semilla traída por el viento, cayó todas las noches en el país.

Mientras hubiera algo para comer, reinaba la calma y la paz entre la gente. Pero, ante la menor privación, el descontento se manifestó, arriesgando una confusión general. Moisés, que era consciente de ello, estaba cada vez más molesto. Surgieron preguntas en él: ¿Por qué era necesario liberar a este pueblo de las manos de sus enemigos, un pueblo que no tenía cultura ni juicio, que solo conocía la desconfianza y veía el mal en todas partes? En sus oraciones preguntó por qué y estaba esperando una respuesta de Dios.

Moisés siempre estaba más lejos de la gente. Buscó la soledad, como antes, cuando llevó a sus rebaños a través de la tierra. Y nuevamente, como antes, escuchó la voz que le reveló el mensaje del Señor. Una nube brillante lo deslumbra, obligándolo a proteger sus ojos.

“Siervo Moisés”, dijo la voz, “llevas en tu corazón preguntas y dudas de que no puedes encontrarte a ti mismo. Aún no estás cumpliendo con tus deberes como deberías. De lo contrario, actuarías sin tener que preguntar. Si el pueblo de Israel hubiera sido perfecto, como quisieras, no te habría elegido como un pastor. ¡Debes domesticar un rebaño salvaje y desordenado, degradado por la miseria y las privaciones, y llevarlo a pastos verdes! Esta es tu misión en la Tierra. ¿Es demasiado pesado para ti quejarte y perder el coraje? Mira, nunca has soportado tales sufrimientos, nunca has experimentado hambre como ellos, ¡nunca has recibido golpes en lugar de salarios merecidos! Entonces, ¿cómo quieres juzgar el estado de ánimo de esta gente?

¡Ve y sé bueno! Muéstrales con paciencia infatigable que quieres darles amor. ¡Sé para ellos el protector que necesitan y enséñales lo que es bueno! Si dudan de Israel, también dudan de mí que encontró a esta gente digna y que los ama “.

Profundamente conmovido por esta severa bondad, Moisés cayó de rodillas. No se atrevió a responder con la expectativa de otras palabras. Y la voz continuó:

“La luz estará en ti, Moisés, y la justicia te guiará de ahora en adelante en todas tus acciones. Quiero ayudarte allí. Usted le dará al pueblo de Israel leyes que servirán como una línea de conducta para que ellos se resuelvan. Los débiles serán ayudados y aquellos que no entiendan serán iluminados por mi Palabra que usted debe traer.

Ore con la gente para prepararse para recibir los Mandamientos que quiero darles. Quiero hacer una alianza con el pueblo de Israel y, si actúa de acuerdo con mi voluntad, ¡será el pueblo elegido en esta Tierra! Durante tres días debes cuidarte y purificarte; entonces oirás mi voz en el monte Sinaí. Solo se te permitirá acercarte a mí ya que estás más cerca de la Luz. ¡Advierte a la gente que se aleje de mí y no suba a la montaña!

Sea el juez y consejero de la gente durante estos tres días para que pueda confesar sus pecados y juzgarlo en consecuencia. Se sentirá inspirado para resolver cada pregunta y brindará claridad a aquellos que buscan una respuesta. Ahora, ve y actúa según mis palabras! “

Seguirá….

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“La  traducción del idioma francés al español puede restar fuerza y luz a las palabras en idioma alemán original …pido disculpas por ello”

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MOISÉS (7)

Una-inusual-plaga-de-langostas-en-Egipto

MOISÉS (7)

 

Le das toda la fuerza que necesita para trabajar para ti. Solo queda el último, el que los hijos de Israel guardan para ellos, esto queda, no puedes extorsionarlos. Existe, pero lo usan contra ti.

Ramsés miró a Juri-cheo. En ese momento, su rostro reflejaba tal tormento que se apiadó de él.

– ¿Piensas en tu juramento, Ramsés ?

– Lo pienso, y sabes que tengo que quedármelo. ¡El juramento del hijo jurado al padre en su lecho de muerte lo une por toda la eternidad! Para un faraón, también hay una venganza del “más allá”. La maldición del difunto faraón es terrible si su descanso está en la tumba. Es la muerte, y quiero vivir! Gobernar!

Juri-cheo estaba luchando contra esta vieja tradición; pero la antigua creencia, derivada de la cultura egipcia, era más fuerte que ella.

“Ramsés, ¿por qué no le hablas a Moisés sin desear que esté muerto? Si Moisés realmente es el líder, ¿no crees que puedes dominar a Israel haciendo la paz con Moisés? Ramsés pensó durante mucho tiempo:

No quiero poner una trampa para Moisés y hablaré con él si viene a verme. Se levantó y dejó a Juri-cheo tan repentinamente como había venido.

Cuando él se fue, ella respiró hondo y sonrió alegremente. Ella escondió su rostro en sus manos y rezó fervientemente.

El temor de Ramsés a la vida de Moisés fue por lo tanto bien fundado, pero sin ningún propósito en este momento.

“Entonces, pude hacerte un favor, hijo mío”, dijo en voz baja. Así es como ella siempre llamaba a Moisés cuando pensaba en él o estaba sola.

Moisés estaba todavía en las sombras. El pueblo de Israel escuchó acerca de su salvador pero no lo vio.

Aarón pronunció sus palabras, Aarón prometió su venida e Israel esperó.

De repente, el abuso del faraón se suavizó. Así como el viento anima y se endereza en un campo de tallos de trigo doblados y privados de fuerza, así también las espaldas dobladas de los hijos de Israel se elevaron al soplo de la libertad.

– Moisés, Moisés! exclamaron, dando gracias a Dios, porque tomaron este alivio por la obra del Salvador que les había sido enviado.

Sin embargo, Moisés siempre fue invisible para el pueblo. Israel esperó ansiosamente la aparición del Salvador, y eso solo incrementó el poder que Moisés ejerció sobre su pueblo a través de la boca de Aarón.

Aarón le contó el progreso del trabajo que había emprendido. Moisés estaba lleno de energía, estaba deseando el momento en que pudiera actuar abiertamente. Prestó la mayor atención a las palabras de Aarón.

“¿No crees que ahora podría ponerme a cargo del movimiento, Aarón ?

La pregunta era urgente.

Aarón sacudió la cabeza con cuidado.

– Todavía es muy temprano. Mis palabras deben estar enraizadas de modo que nadie pueda arrancarlas del corazón de la gente.

Moisés se enderezó de repente, resuelto. Una idea lo hizo estremecerse; al mismo tiempo, ella le dio la fuerza para defenderse.

– Aarón, hoy iré a ver a Faraón; Le pediré que deje ir a Israel.

Mientras hablaba estas palabras, Moisés estaba examinando cuidadosamente los rasgos de su hermano. No se movió un solo músculo de la cara de Aarón. Sin embargo, levantó sus cejas ligeramente mientras sus párpados se doblaban para ocultar la expresión de su mirada.

– ¿Y bien? preguntó Moisés.

Aarón se encogió de hombros.

– Entonces mis sospechas están justificadas. No quieres lo que yo quiero. Tienes proyectos, tus propios proyectos, y buscas tamizarme.

Aarón fingió no entender estas palabras, ya que su sonrisa era aparentemente sincera cuando respondió:

“¿No repito tus palabras? ¿No soy tu siervo o tu ayudante?

Moisés se defendió a sí mismo.

“Sabes cómo decir buenas palabras, Aarón, palabras que te sacan de los problemas en cualquier circunstancia. Pero carecen de convicción. No sabes cuál es la verdad. Una vez, fuiste sincero y verdadero. ¿Te acuerdas, Aarón? Cuando me echaste de tu casa! Tus palabras fueron viles e injustas, pero vinieron de tu corazón. Fue la desesperación de tu aplastante yugo lo que te hizo pronunciarlos. Sentí que se estaban dirigiendo a Egipto y no a mí porque te amo. He venido a ayudarlo y, a pesar de esto, soy un extraño entre ustedes. Si Israel me entendiera, no te necesitaría! Tú eres el único que sabe lo que quiero, y por tu boca hablo con la gente. Pero te lo advierto, Aarón  ¡El Dios que me da fuerza para la victoria solo quiere siervos leales! Iré a ver al Faraón hoy, porque Dios lo quiere así. Recorreré el terreno que fue mi patria, hablaré con hombres que entienden mis palabras porque vienen de su idioma. Ahí te toco como un ciego. Desde este día, sé mi ayuda; ¡A partir de entonces, compartiré la tierra contigo! ¡Pero nunca olvides que somos los sirvientes de nuestro Dios!

Aarón miró a Moisés con sorpresa. Su orgullo personal disminuyó gradualmente. Poniendo su alma desnuda, las palabras de Moisés se desgarraron despiadadamente, batiendo por el trapo, el manto del engaño y la falsa humildad que Aarón había tejido. El hombre oprimido que, desde la infancia, sólo había aprendido la sumisión, el que había alimentado sólo la ira impotente contra su destino, liberó su espíritu. Por primera vez, una palabra de amor había llamado a la puerta cerrada del alma de Aarón para exigir la entrada. Esta vez su hábil boca no pudo encontrar nada que responder.

Hubo un largo silencio; Los dos hermanos se quedaron allí, los ojos en sus ojos.

El faraón lanzó una mirada escrutadora a Moisés. Este último fue ante él, orgulloso y autoritario. A unos pasos de distancia estaba Aarón, con la cabeza inclinada hacia un lado.

“Quieres una entrevista conmigo, Moisés; Se te concede. Habla, ¿qué me preguntas?

– Te pido mucho, noble faraón. ¡Pido justicia! No para mí, sino para mi gente.

– ¿Tu gente? ¿Desde cuándo eres rey en Israel? Me parece que soy el amo de Israel.

Moisés se mordió los labios. Se dio cuenta, pero demasiado tarde, de su error. Por una palabra, había herido la vanidad de Faraón. Buscó los ojos de Aarón, que, lejos, simulaban la humildad. ¿Debería él elegir este camino para alcanzar la meta? Su fe en la victoria se hizo firme. Su actitud se hizo aún más orgullosa.

– ¡El amo de Israel es Jehová y no tú! Es en su nombre que estoy ante ustedes y exijo libertad para mi gente.

– ¿Quién es Jehová?

– ¡Nuestro Dios – el Señor! Ramsés sonrió con desdén.

– ¿El Señor? ¿Dónde sabes que es eterno? ¡Tu vida es tan corta! ¿Cómo mides su existencia eterna?

– Cuídate, Ramsés, su poder es grande, ¡es inconmensurable!

– Tu amenaza está dirigida al faraón, no lo olvides, Moisés. Ella se dirige al Rey de Egipto que tiene la vida de sus súbditos y que, con un gesto de la mano, también puede aniquilar su pobre vida.

Aarón estaba temblando: tenía miedo. Escondido detrás de una cortina, Juri-cheo escuchó; ella tenia una sonrisa nerviosa. Solo Moisés parecía ser indiferente a esta amenaza velada. Repitió el mismo requisito:

– ¡Dejen ir al pueblo de Israel!

Luego se hizo un silencio de muerte en la habitación. Después de un buen momento, como si viniera de las profundidades del infierno, las palabras fatales del rey resonaron:

“Queremos luchar, Moisés. Tu maestro contra mi!

“Es tu pérdida, Ramsés ! ¡Quita tu palabra!

– No dejaré a las personas voluntariamente. ¡Peleas si quieres tenerlo!

Ramsés se echó a reír burlonamente.

Cuando estuvo en silencio, reinó de nuevo un silencio paralizante. Moisés mantuvo la cabeza baja, ligeramente inclinado hacia adelante, listo para el ataque. Su mirada buscó la del faraón. Pero Ramsés permaneció sentado, sin moverse, con los párpados casi cerrados.

– Escucha, Ramsés, lo que te digo. Tu tierra es vasta y tu pueblo es rico. El valle del Nilo es tan fértil que ninguno de ustedes está reducido a vivir en la pobreza; Sin embargo, si esclavizas a un pueblo pobre, haces que se marchiten para satisfacer tu avaricia. De un solo golpe, puede ocurrir un cambio! Con un signo de esa mano a través de la cual la Fuerza de mi Dios actúa con una intensidad redoblada, puedo perturbar sus aguas hasta que se vuelvan malolientes y ni el hombre ni la bestia puedan beberla más. Las epidemias y la muerte pondrán a prueba a Egipto y harán una rica cosecha hasta que te rindas, ¡hasta que dejes ir a mi gente!

– Tu lenguaje es imprudente y podría asustar a más de un tonto. Ve, abandona tus grandiosos y estúpidos sueños, no te culpo por atreverte a hablar así en presencia de tu rey. Vuelve a mi patio. En el futuro, no tendrá que quejarse, si se arrepiente de habernos dejado antes. Envía a tu hermano a casa, este tonto ciego pobre que ni siquiera puede seguirte en tus planes. Deja a esta gente; apenas te agradeceremos que hagas más difícil su esclavitud con tu lenguaje insolente.

Estas palabras burlonas no podían mover a Moisés. Su voz era tranquila cuando respondió:

“Yo y mi gente esperaremos a que nos llame”. Israel ha esperado mucho tiempo y ahora puede esperar hasta que termines. Así que se dio la vuelta y, seguido de Aarón, salió de la habitación.

A partir de ese momento, las aguas del Nilo y las de otros ríos comenzaron a confundirse y embarrarse. Los peces muertos flotaban en la superficie del agua, las burbujas subían desde el fondo del río, estallaban en contacto con el aire y esparcían un hedor. Innumerables bandas de ranas huyeron a la orilla del agua y buscaron refugio en el interior del país; invadieron los campos y vastas extensiones fueron esparcidas con sus cadáveres. Por todas partes se extendía un olor a carne podrida.

Los hombres estaban locos de terror; en pánico, huyeron. Desesperados, cavaron nuevos pozos para no morir de sed. Pero cada fuente descubierta exhalaba los mismos vapores pútridos de un amarillo azufre; Salieron del suelo desde los primeros tiros. Poco a poco, el país fue devastado enormemente. La muerte separó al esposo de su esposa, vació casas enteras en unos pocos días y fue una fuente de aflicción y desolación.

Entonces el faraón mandó llamar a Moisés:

“¡Destruyes mi país, para!

– ¡Solo si aceptas liberar a mi gente!

– ¡Vete! Abandona mi país, pero no hasta que hayas parado las heridas.

– ¡Que así sea!

Y cesaron las exhalaciones; Un viento fresco que limpiaba la apestosa atmósfera soplaba en el país. Los pozos daban agua clara, solo los ríos seguían siendo impuros: se purificaban más lentamente.

Moisés fue nuevamente a Faraón:

– ¿Cuándo podremos irnos?

Ante los ojos de Faraón apareció el rostro de su difunto padre, que había jurado oprimir a los hijos de Israel. Este juramento fue más fuerte que él y lo mantuvo en garras de bronce.

– Moisés, me gustaría darle libertad a la gente, pero no puedo. Ni siquiera puedo aliviar tu dolor, de lo contrario sería mi muerte. Te daré tesoro, te haré rico, pero debo conservar a Israel.

– Así que tengo que dejarte, una vez más, hasta que llegues a tus sentidos.

Y Moisés dejó al rey.

El Nilo salió de la cama e inundó el país que se convirtió en pantanosa. Enjambres de saltamontes y mosquitos, portadores de enfermedades contagiosas, vinieron del norte y cayeron en las llanuras de Egipto. Una vez más, la muerte hizo una rica cosecha y nadie sabía por qué. Nadie sospechó que el Faraón no daría libertad al pueblo de Israel, causando las más terribles heridas en él y en todo el país.

Las lamentaciones se escucharon en las casas y en las calles, en todas partes resonaron las quejas de los mártires. Los gritos llegaron a los muros que delimitaban los barrios judíos. Detrás de ellos reinaba, por primera vez en años, la tranquilidad y la paz.

Una muralla parecía rodear esta parte del país, tan alta que ningún mal podía cruzarla. Los hijos de Israel estaban reunidos, listos para recoger sus ropas y seguir a su guía a la tierra que les había anunciado.

Mientras estas terribles plagas devastaron Egipto, Moisés estuvo en estrecho contacto con Abd-ru-shin. Los emisarios transportaban y transportaban a Moisés los mensajes del príncipe que no dejaba de alentarlo. Sin esta ayuda y este amor de Abd-ru-shin, Moisés se habría sentido aterrorizado al ver la angustia que sufría todo el pueblo. Todavía creía que personas inocentes estaban pagando por la ceguera de Faraón. Para evitar ser tocado por tanta miseria, permaneció en los recintos del distrito israelita. Por contra, Aaron recorrió las calles de los vecindarios egipcios y vio sin emoción el terrible sufrimiento de esta gente. Su vida tan difícil lo había vuelto demasiado insensible para ser tocado.

Entre los egipcios vivía un príncipe rico y autónomo. No parecía depender directamente de ningún país. Nadie sabía el origen de su riqueza, nadie sabía lo que estaba sucediendo detrás de los altos muros de su casa. Los hombres lo evitaban haciendo un gran desvío. En su superstición, temían a este mago. Nunca un extraño entró en su casa; Parecía aislado del mundo circundante y desprovisto de amigos.

Este hombre singular rara vez salía de su casa. Su cuerpo abovedado se arrastró por las calles; Una larga barba blanca atestiguaba su edad. Avanzó dolorosamente hasta la puerta del palacio de Faraón. Cada vez, ella se abrió de inmediato para dejar entrar al viejo. Los criados se inclinaron profundamente en su camino. Al arrastrar los pies, cruzaba el inmenso palacio que parecía conocer tan bien como su propia casa. Finalmente, desapareció en una pequeña habitación donde el faraón lo estaba esperando.

El anciano con la voz tan extrañamente aguda que fue capaz de cruzar las paredes de la mejor habitación aislada se quedó en silencio después de horas de conversaciones y, continuando, pronto regresó por el mismo camino. Entonces no lo volvimos a ver durante mucho tiempo. Esta conducta reforzó aún más la creencia de que él era un mago poderoso.

En realidad, este “hombre viejo” era un hombre joven que, una vez en casa, se libró rápidamente de su barba blanca y enderezó su cuerpo de tamaño gigante. Borró las arrugas de su rostro con un paño y se entregó a las manos de su sirviente, quien rápidamente eliminó los últimos signos de la vejez.

Luego tomó una capa oscura y volvió a salir de la casa. Los subterráneos, que constantemente se reparaban, conducían al barrio israelita a la vivienda de Moisés. Allí subió por una estrecha escalera y llegó a la sala principal de la casa. Allí también, lo esperamos. Moisés saltó y dejó escapar un grito de alegría.

– ¡Eb-ra-nit! dijo aliviado. El desconocido dejó caer su manto oscuro. y debajo de ella apareció el traje de los amigos de Abd-ru-shin.

– ¿Tienes noticias de Abd-ru-shin? le preguntó a Moisés. Le entregó unos rollos de pergamino.

Eb-ra-nit los recorrió apresuradamente.

– Todo va según lo previsto, para que podamos estar tranquilos. Hoy le envío una carta a nuestro maestro, que dará cuenta de todo.



– ¡Soy de casa! Lo que planea es horrible. Todos mis intentos de disuadirlo han fracasado. Solo vengo a escuchar de ti; entonces mi mensajero saldrá inmediatamente para avisar a Abd-Ru-Shin.

– ¿Una advertencia?

– ¡El faraón quiere hacerlo asesinar! Él también envía a sus subordinados hoy a Abd-ru-shin. Ignora el secreto que lo rodea, pero duda de la verdad. Queremos robarle su brazalete para desarmarlo. Ramsés desea así reparar las terribles pérdidas que ha sufrido; Él quiere someter a los árabes como compensación.

Moisés se estremeció.

– ¿Y es a este precio que Israel debe ser libre?

Eb-ra-nit se encogió de hombros.

– La victoria está en nuestras manos. No tengas miedo, Moisés. Somos los más fuertes.

 

Seguirá….

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