Abd-ru-shin, En la Luz de la Verdad, Mensaje del Grial, Mensaje del Grial (enlaces)

PARALIZACIÓN

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Paralización

 

Todo en la Creación es movimiento. El movimiento, provocado por la presión de la Luz según ley natural, genera calor, y hace posible que las formas se constituyan. Así pues, sin Luz no podría haber movimiento, y por esta razón cabe imaginarse también que el movimiento tiene que ser mucho más rápido e intenso en la proximidad de la Luz que en las regiones alejadas de ella.

En efecto, el movimiento se va haciendo más lento y pesado a medida que se aleja de la Luz, pudiendo llegar incluso hasta provocar la paralización de todas las formas que se habían constituido con anterioridad, cuando el movimiento era más vivo.

Bajo el concepto de “Luz” no debe entenderse aquí, naturalmente, la luz de un astro cualquiera, sino la Luz primordial, que es la Vida misma, es decir, Dios.

Después de haber dado esta imagen general del proceso que se desarrolla en la Creación, quiero fijar hoy la atención en la Tierra, que ahora está describiendo su órbita a una distancia de la Luz primordial mucho mayor de lo que era hace millones de años, debido a que cada vez ha sido sometida más y más a la pesadez de las tinieblas por los hombres que, en su fatuidad ridícula, se alejaron de Dios arrastrados por el desmesurado desarrollo unilateral de su intelecto. Éste no podía ni podrá jamás estar orientado más que hacia abajo hacia lo material, pues con ese fin fue dado, si bien bajo la condición de captar con la mayor nitidez todas las radiaciones e impresiones de arriba, emanadas de las Alturas luminosas.

Al cerebro anterior le corresponden todas las funciones del intelecto respecto a las actividades exteriores en la materialidad más densa, es decir, en la materia física; al cerebelo, en cambio, la recepción de las impresiones que provienen de arriba – más ligeras y más luminosas que la materialidad densa –, y la transmisión de las mismas para su elaboración.

Este obrar conjunto y armónico de cerebro anterior y cerebelo dado para provecho del hombre, fue perturbado al abandonarse éste a actividades exclusivamente terrenales, es decir, del orden de la materialidad densa, hasta que con el tiempo quedó completamente suspendido, expresamente estrangulado, porque a consecuencia de su actividad tan intensa, el cerebro anterior se desarrolló desmesuradamente en relación con el cerebelo, el cual, al ser relegado a segundo término, fue perdiendo más y más su capacidad receptiva hasta acabar atrofiándose. De este modo surgió a través de las procreaciones físicas, en el curso de millares de años, el mal hereditario; pues, al nacer ya los niños con un cerebro anterior mucho mejor desarrollado con relación al cerebelo, surgió el peligro de que despierte en ellos el pecado original, que consiste en la inclinación de pensar de antemano con miras a lo terrenal, es decir, alejados de Dios.

Todo esto resultará fácilmente comprensible para todo aquél que lo intente con seriedad; por otra parte en mi Mensaje ya lo he expuesto detalladamente y de muy diversas maneras.

Todo el mal sobre la Tierra surgió por el hecho de que el ser humano, debido a su origen espiritual, estaba en capacidad de ejercer presión a través de su volición sobre todo lo demás existente en la Tierra, cuando precisamente por razón de este origen espiritual hubiera podido y debido desarrollar una función promotora ascendente; pues no otra era y es su verdadera misión en la Poscreación donde, por ley natural, todo lo espiritual es el elemento dirigente. Lo espiritual puede guiar hacia arriba, esto sería lo natural, mas de igual modo puede hacerlo hacia abajo si el poder volitivo de este elemento espiritual tiende preferentemente hacia lo terrenal, que es lo que ocurre en los seres humanos de la Tierra.

En el conocimiento que doy en mi Mensaje acerca de la Creación y la inherente explicación de todas las leyes que obran autoactivamente en ella, – leyes que pueden ser denominadas también leyes naturales –, se muestra, sin lagunas, la actividad completa de la Creación, que permite al hombre reconocer claramente todos los procesos y, por ende, el sentido de la vida humana en conjunto, y explicar con irrevocable lógica su origen y su finalidad, dando así respuesta a toda pregunta, siempre y cuando el hombre la busque con seriedad.

Aquí habrán de detenerse hasta los adversarios peor intencionados, pues su perspicacia no bastará para penetrar en la perfecta unidad de lo expuesto, con afán de destruirlo, y privar así al hombre también de esta ayuda. – –

Ya he dicho que el movimiento en la Creación necesariamente ha de volverse más lento a medida que un objeto cualquiera se aleje de la Luz primordial, punto de partida de la presión que por consecuencia produce el movimiento.

Tal ocurre actualmente con la Tierra. Su órbita ha ido alejándose cada vez más por culpa del hombre, los movimientos se vuelven cada vez más lentos, más indolentes, y no son pocas las cosas que, por lo mismo, han llegado ya a un estadio próximo a los comienzos de una paralización.

También la paralización tiene numerosas fases; no es tan fácil reconocerla en sus inicios. Incluso durante su progresión sigue escapando de ser reconocida, a menos que un rayo de Luz incite a la observación más sutil.

La dificultad radica en el hecho de que todo lo que vive dentro del entorno de movimientos cada vez más lentos, resulta siendo absorbido y llevado paulatinamente hacia la creciente densificación que conduce a la paralización. Mas no se crea que esto es válido sólo para el cuerpo del hombre, sino para todo, incluido su pensar. Este fenómeno se produce hasta en lo más pequeño. De modo igualmente imperceptible van alterándose y desplazándose todos los conceptos, hasta los que conciernen al verdadero sentido del lenguaje.

El hombre no puede advertir nada de esto en su prójimo, puesto que él también está siendo arrastrado por el mismo balanceo lánguido, salvo que haga por sí mismo un esfuerzo de firme voluntad para elevarse de nuevo espiritualmente y acercarse un poco más a la Luz, único medio de que su espíritu se vuelva poco a poco más móvil y, por ende, más liviano, más luminoso, actuando de esa manera sobre el discernimiento terrenal.

Pero, entonces, lleno de espanto, verá – o al menos percibirá intuitivamente – con horror estremecedor, hasta qué grado de paralización han llegado ya las deformaciones de los conceptos en la Tierra. Hace falta la visión amplia de lo esencial, porque todo está comprimido en estrechos y opacos límites ya imposibles de atravesar y que, al cabo de cierto tiempo, acabarán asfixiando inevitablemente todo cuanto abarcan.

Con frecuencia he llamado la atención sobre conceptos deformados; mas ahora resulta que éstos van deslizándose lentamente por el camino descendente hacia la paralización, en un continuo alejarse de la Luz.

No es necesario citar ejemplos concretos: no se prestaría la más mínima atención a tales explicaciones o se las tildaría de fastidiosa sofistería, pues la rigidez o la apatía existente es ya demasiada como para querer reflexionar más a fondo sobre el particular.

Ya he hablado muchas veces también acerca del poder de la palabra, del misterio de que, incluso en el ámbito terrenal, la palabra humana puede actuar durante cierto tiempo de manera constructiva o destructiva sobre el devenir de la Creación, puesto que, por el sonido, el tono y la composición de una palabra, son puestas en movimiento fuerzas creadoras que no actúan según el sentido del que habla, sino según el sentido de la palabra en su significado.

En efecto, el significado de la palabra fue dado en un principio por las fuerzas que la palabra puso en movimiento y, por lo mismo concuerdan exactamente con el sentido verdadero, o viceversa, y no con la voluntad del que habla. El sentido y la palabra nacieron del movimiento correspondiente de las fuerzas; ¡es por ello que constituyen un todo inseparable!

El pensar del hombre, a su vez, pone en acción otras corrientes de fuerza que corresponden al sentido del pensamiento. Por eso el hombre debería esforzarse por elegir las palabras apropiadas para expresar sus pensamientos, es decir, sentir al mismo tiempo intuitivamente de un modo más preciso y más claro.

Supongamos que se interroga a un hombre sobre algo que ha oído o que tal vez ha visto en parte. Apenas interrogado afirmará, sin el menor reparo, que sabe de qué se trata.

Según la opinión de muchas personas superficiales, esta contestación sería correcta, y, sin embargo, es realmente falsa e inadmisible; pues “saber” significa poder dar informes precisos de todo lo ocurrido, desde el principio del asunto hasta el fin, con todos los pormenores, sin lagunas y sobre la base de la propia experiencia. Sólo entonces uno puede decir que sabe.

¡“Saber” es una expresión que, junto con los conceptos a ella inherentes, implica una gran responsabilidad!

Ya me he referido en otra ocasión a la enorme diferencia entre el “saber” y el “haber aprendido”. La erudición dista mucho del saber verdadero. Éste sólo puede ser absolutamente personal, en tanto que lo aprendido es la aceptación de una cosa fuera de la propia personalidad.

¡Oír hablar de una cosa, o haberla visto en parte, dista mucho de ser el saber mismo! El hombre no debe afirmar: “Yo sé”, sino decir a lo sumo “he oído decir” o “he visto”. Pero si su deseo es obrar con rectitud, fiel a la Verdad, su deber será decir: “No sé”.

Bajo todos los aspectos, este modo de proceder será más correcto que si informa de algo sin tener él mismo nada que ver en ello y, por consecuencia, sin poseer un verdadero saber. Por el contrario, con informes incompletos lo único que se lograría es hacer sospechosas a otras personas, acusarlas y aún tal vez precipitarlas innecesariamente en la desgracia sin conocer las circunstancias concomitantes. Ponderad, por tanto, cuidadosamente con vuestra intuición cada palabra que vayáis a utilizar.

Quien piensa profundamente, no queriendo darse por satisfecho con conceptos ya paralizados para disculparse a sí mismo de su parlanchina pedantería y malevolencia, comprenderá fácilmente la verdad de estas explicaciones y, en un examen silencioso, aprenderá a ver más allá de todo cuanto diga.

Un gran número de semejantes conceptos restringidos, con sus nefastas consecuencias, se ha convertido ya en hábito entre los hombres de la Tierra. Fomentándolos con avidez se aferran a estos conceptos los esclavos del intelecto, que son los secuaces más dóciles de las más tenebrosas influencias de Lucifer.

Aprended a observar atentamente y a utilizar como es debido las corrientes que fluyen en esta Creación. Ellas portan en sí la Voluntad Divina y, por ende, la Justicia de Dios en su forma más pura. De este modo volveréis a encontrar la auténtica condición humana de la que fuisteis despojados.

¡Cuántos sufrimientos serían evitados con este proceder y cuántos hombres mal intencionados quedarían privados de la posibilidad de actuar!

Al mismo mal se debe que la descripción de la vida terrenal de Jesús, Hijo de Dios, no concuerde en todos los puntos con los hechos reales, de donde surgió con el tiempo, hasta el día de hoy, en el pensamiento de los hombres una imagen completamente falsa. De igual manera, las Palabras que Él pronunció fueron deformadas, como ocurrió con todas las enseñanzas proclamadas religión, que debían aportar a la humanidad elevación y perfeccionamiento del espíritu.

En esto radica también la gran confusión reinante entre los hombres que, comprendiéndose mutuamente cada vez peor, dan lugar a que nazcan y florezcan el descontento, la desconfianza, la calumnia, la envidia y el odio.

¡He aquí los síntomas infalibles de la creciente paralización sobre la Tierra!

¡Elevad vuestro espíritu, comenzad a pensar y a hablar con miras más amplias y globales! Esto requiere, naturalmente, no sólo que trabajéis con el intelecto, que forma parte de la materialidad más densa, sino que volváis a proporcionar a vuestro espíritu las posibilidades de guiar vuestro intelecto, puesto que es éste el que ha de servir al espíritu según la determinación de vuestro Creador, quien, en un principio, os permitió nacer sin deformación aquí en la Tierra.

Muchas cosas se encuentran ya en el primer estadio de paralización. Todo vuestro pensar pronto podrá verse afectado, obligado a fluir en canales de férrea inflexibilidad, que sólo os pueden aportar miserias, sufrimientos y más sufrimientos, hasta acabar reduciendo vuestra condición humana al nivel de una máquina hueca, al servicio de las tinieblas, lejos de toda Luz.

     Abd-ru-shin


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NAHOME (9…Fin)

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NAHOME 9

 


Sus nervios estaban estirados al extremo. Ella ya pensaba que los caballos espumosos pasarían frente a ella sin disminuir la velocidad, cuando se detuvieron y la rodearon. Ella era, pues, su prisionera.

Sin embargo, estos hombres con caras marrones la miraron con amabilidad. En silencio y con dignidad, descendieron de sus caballos.

Nanna se regocijó cuando le dijeron que estaba cerca del reino de Is-Ra. Ella se sintió protegida.

“¿A quién buscas?”, Preguntaron amablemente los hombres.

“¡Nahome! Ella respondió suavemente.

Este nombre tuvo el efecto de una contraseña. Los árabes se inclinaron en el suelo frente a ella, pero ocultaron sus rostros en silencio.

Sin decir una palabra, levantaron a Nanna y la pusieron en uno de sus caballos, y luego la acompañaron a su brillante patria.

Sólo unos pocos Ismains permanecieron en la ciudad de Is-Ra Luz. Después de haber enterrado los restos de su Señor y cumplido fielmente todos los deberes que les impusieron en las ceremonias que siguieron, regresaron a las diferentes regiones del reino que su Señor les había asignado.

Sin embargo, tres de ellos, que habían comprendido completamente la misión de Abd-ru-shin, pronto lo siguieron y fueron enterrados en la pirámide. La construcción progresó rápidamente y se completó con el mejor arte y habilidad. Al igual que el arquitecto continuó el trabajo que Abd-ru-shin había comenzado y le había confiado, todos los demás sirvientes actuaron completamente en la Voluntad de su Señor. Trabajaron con entusiasmo y fidelidad a la inmensa edificación del estado; Al hacerlo, sus fortalezas aumentaron día a día.

Uno de los Ismains más antiguos, a quien Abd-ru-shin había llamado Is-ma-il después de la muerte de Is-ma-el, asumió la dirección espiritual, por la fuerza de Abd-ru-shin. Nam-Chan era la mano derecha de Is-ma-il y convirtió su voluntad en acción. Todos los regalos que Abd-ru-shin había reconocido en Nam-Chan, y que este último había desarrollado bajo su dirección, ahora se manifestaban. De esta manera, él creció como guía y se convirtió en el ejecutor de la Voluntad de Dios.

Rica y hermosa, la ciudad blanca brillaba a la luz de la gracia divina. Hubo una animación intensa, y los guardianes de la sabiduría y las leyes se aseguraron de que estuvieran impregnados de vida y permanecieran así, como el Señor quería.

Muchas mentes humanas todavía encontraron su camino a través del desierto hacia la ciudad sagrada de sabiduría y pureza, y permanecieron allí. Cada uno de los que lo hicieron obedeció la llamada del Altísimo y encontró entre sus paredes blancas su objetivo y la misión que tenía para él.

Nanna fue una de las primeras en llegar a la ciudad de la Luz. Fue bienvenida como una invitada tan esperada. Para la brillantez y el encanto de las mujeres, sus ojos vigilantes e inteligentes reconocieron la corriente de fuerza supra-terrestre que también había transfigurado el templo de Isis desde el momento en que Nahome se alojaba allí.

Cuando cruzó el umbral del palacio, supo de inmediato que ya no vería a Nahome en esta Tierra.

Las mujeres la cuidaron con solicitud, especialmente Ere-si, la bailarina egipcia del templo, cuya amabilidad y equilibrio habían crecido a medida que ella maduraba. Nanna le contó la historia de su vida. A través de lo que Nahome le había dicho, Ere-si ya conocía a Nanna, la que se había preocupado por ella y había sido una amiga durante su infancia, así como el sacerdote Amon-Asro.

Las dos mujeres se sentaron durante mucho tiempo en las habitaciones blancas inundadas de luz sobre los jardines. Hablaron de su destino y de la conducta sabia que habían disfrutado. Gracias a su ardiente alma, Nanna vivió todo lo que Ere-si le contó.

Fue introducida por primera vez a las Leyes de Dios por las mujeres, luego por los maestros y sacerdotes de la Luz. Así entró ella en el círculo de siervos del Señor. Se le permitió escuchar los himnos cantados por los Isman, y vio las maravillosas danzas solemnes que Ere-si dedicó al Señor.

Sin embargo, ella, que venía de un lugar donde se cultivaba la belleza al máximo grado, se sorprendió al ver cuánto vivían estas prácticas solemnes. Todos los sirvientes, que realizaron su servicio sagrado en la más pura adoración, le parecieron conmovidos por la gracia de Dios.

Y, por primera vez desde el día en que Nahome llegó al templo de Isis,

Y una inmensa gracia cayó sobre Nanna. Ella se convirtió en una vidente! En el altar blanco, el receptáculo inundado de Luz emitió un sonido vibrante. En la abundancia de luz blanca y dorada que se extendía muy por encima del círculo de Ismans y sirvientes, hasta las resplandecientes bóvedas del templo, se le apareció una cara.

Fue el mediador divino. Su ojo al brillo dorado brillaba con amor y sabiduría. A la izquierda, vio una forma ligera, vestida con una larga prenda blanca y con una corona de lirios. A la derecha estaba una mujer en el puerto real, cuya cara brillaba con amor. Una luz rosada flotaba a su alrededor como una delicada nube; Ella también llevaba una corona luminosa. Un abrigo negro brillante envolvió esta figura resplandeciente y casi transparente. A Nanna le pareció que solo este abrigo oscuro permitía a esta mujer luminosa tomar forma.

Sorprendida, preguntó en espíritu quién era esta mujer, y escuchó el nombre: María. Al escuchar este nombre, algo maravilloso le sucedió a Nanna. Subyugada, cayó de rodillas.

“¡Es a ti a quien sirvo!”

Fue una gran experiencia para Nanna que ella no podía hablar con nadie excepto con Ere-si.

Estaba conectada espiritualmente con las dos mujeres luminosas que había visto al lado del Señor. Sin embargo, ella todavía no sabía quiénes eran. Todavía no había reconocido el rostro de Pura Lirio. Primero debe ser preparado lentamente.

El lirio puro había regresado a la Luz de su Patria. Los sonidos de la esfera divina se vertieron y crujieron alrededor de él. Las alas de los ángeles se estremecieron. Basándose en la Fuente de la Vida original, inclinaron sus cuencos y alimentaron los jardines sagrados del Lirio.

La Voluntad de Dios había regresado a la Fuente original de la Fuerza Insustancial, y permaneció allí por algún tiempo. Sin embargo, Su Voluntad continuó actuando a través del Espíritu y, para el comienzo de un nuevo ciclo, se estaba preparando una nueva vibración en medio de la gran sabiduría eterna.

La Creación fue atravesada por rayos de Luz que la Voluntad de Dios, gracias a Su descenso en el asunto, había anclado en algunos espíritus humanos. Estos últimos continuaron actuando en Su Voluntad, recorrieron la Tierra en Su orden, formando allí islas de Luz.

Después de que esto se había logrado, y Dios derramó Su luz como semillas, los Isman fueron criados uno tras otro en el reino luminoso del espíritu.

El reino de Is-Ra había mantenido su belleza original en la Tierra, como se había decidido. Pero la cantidad de humanos que tenían que traer constantemente nueva vida a ella era cada vez más pequeña.

Llegó el momento en que todos los que habían servido a Abd-ru-shin aquí en la tierra dejaron esta Tierra. Así este reino también llegó a su fin. Iba a estar en un largo sueño hasta que despertara.


FIN



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“La  traducción del idioma francés al español puede restar fuerza y luz a las palabras en idioma alemán original …pido disculpas por ello”

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MARÍA MAGDALENA (5)

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MARÍA MAGDALENA  (5)
Las cosas siguieron como Jesús había dicho. No le creyeron a María Magdalena. Pedro fue a la tumba, que encontró vacía. Él no vive allí el Señor.

Era diferente para las mujeres. Su alma profundamente afligida estaba sedienta por cada destello de esperanza, cada rayo de luz que iluminaría esos días profundamente tristes. Jesús quería cada vez más y lo buscaban con nostalgia. Gracias a María Magdalena, vivieron el encuentro con Jesús y vieron al Señor ellos mismos.

Fueron a los discípulos y confirmaron lo que María Magdalena había dicho. Sin embargo, los hombres no les creyeron, lo que provocó que las mujeres estuvieran unidas entre sí con más fuerza.

Fue precisamente en estos días de intenso dolor que hubo entre las mujeres una maravillosa actividad llena de fuerza y ​​amor. Cuando fueron a los discípulos, les pareció que una salvación venía con ellos, un saludo de los tiempos felices cuando Jesús se quedó entre ellos.

Cuando los discípulos estaban solos, el dolor los asaltó, y cada uno de ellos sintió una picadura particular era la debilidad que aún no habían superado en el nivel humano cuando el Hijo de Dios había estado asesinado. Desde la hora en que comenzaron los sufrimientos, esta picadura, que estaba atascada en el alma de cada uno, no le dio ningún respiro antes de reconocer esta debilidad y superarla.

En cuanto a las mujeres, en su profundo dolor, buscaron ayuda en la fe; no se apartaron de lo que había sido grabado en sus almas cuando escucharon las sagradas palabras de Jesús. Se aferraron a él con la tenacidad del espíritu que ya no abandona a su país una vez que lo ha encontrado. Por eso también fueron las primeras en tener la gracia de ver al Señor. Lo llamaron por el nombre que Él mismo reveló: el Resucitado.

Entre las mujeres, había una que tenía que sufrir tanto como las discípulas y estaba aún más abrumada que ellas: era María, la madre de Jesús.

Juan, que le había prometido a Jesús que cuidaría de su madre, se mantuvo fiel a su lado. Así le fue otorgado para consolarla y comprenderla, porque Jesús le había contado lo que no le había confiado a nadie más: su dolor por María que nunca lo había comprendido completamente y que se había convertido cada vez más en una madre terrenal de como ella lo cuidaba. Fue precisamente ella quien nunca debió haberse preocupado si ella realmente entendió y si tuvo fe. Pero ella se mantuvo apegada a los prejuicios de su pueblo y solo los había liberado a medias. Se convirtió en su destino y su culpa.

Sin embargo, la muerte de su Hijo y el sufrimiento que padecía le hacían comprender, y todo el peso del camino que ella misma había escogido recaía sobre ella con una intensidad espantosa. Se sentía como una extraña, una persona sin estado entre los discípulos para quienes su Hijo representaba a la Patria. Pero ahora lo había reconocido, y sabía que solo podía vivir entre ellos, en el círculo de sus pensamientos y de su amor vivo, donde cada hora encontraba la semilla de su divino Hijo.

El hecho de que ella había sufrido y de haber alcanzado el conocimiento al pie de la cruz también le había brindado una ayuda de la que aún no podía entender todo el significado espiritual. Juan, quien, gracias a su conocimiento de las Leyes Divinas, estaba aprendiendo más y más para ver el significado oculto de cada evento de la existencia terrenal con el ojo de su Maestro, lo vio, y observó a María con un gran mensaje de alegría interior

María Magdalena se sintió irresistiblemente atraída por María. Desde tiempos inmemoriales, se le había dado a guiar con amor a aquellos que necesitaban consuelo, a los afligidos y oprimidos, mucho más que a los otros que afirmaban estar tan seguros de sí mismos y que, en su suficiencia, se tejían más a menudo pesados ​​nudos del destino.

En estos días de sufrimiento, el Señor le otorgó a María Magdalena la facultad de poder observar las consecuencias de cualquier acto mientras mantiene los ojos abiertos sobre uno mismo y sobre los demás.

Pero al mismo tiempo, era como un libro sellado y, en su solicitud amorosa, se cuidó de no ofrecer a los demás sino los frutos de sus experiencias, sin revelar su conocimiento, porque debe ser así.

Ella estaba a menudo con María y pronto se ganó su confianza. Fue con profunda alegría que ella vio la Luz extendida alrededor de la madre de Jesús y envolviéndola como una capa. También fue ella quien, con la ayuda de Juan, pudo recuperar la confianza en sí misma de quien estaba tan profundamente abrumada y que sufrió física y moralmente. Ambas despertaron la conciencia del deber y confiar en esa alma vacilante que creía que el Señor ya no aceptaría sus servicios. Y, lentamente, María comenzó a vivir de nuevo.

Entonces se le apareció también su divino Hijo. Ella recibió la Fuerza de Su Luz Viva como una bendición en su cabeza blanqueada.

“¿Has visto al Señor, Madre María, -?” Dijo Juan, temblando. Y María murmuró suavemente:

“¡Sí, mi Hijo está vivo y Él está entre nosotros!”

María Magdalena sintió que el Espíritu del Señor la instó a quedarse con su madre para ayudarla. Ella misma encontró consuelo y siempre recibió más fuerza y ​​ayuda en todo lo que hizo. En el círculo de mujeres queridas para ella, ella se estaba preparando conscientemente para la misión de la que Jesús le había hablado.

Ella se estaba volviendo más y más brillante. Vivió en espíritu todas las apariciones del Señor, incluso cuando no estaba entre los discípulos. Ellos no lo creyeron cuando les contó acerca de la resurrección del Señor, pero pronto se encontraron con Jesús y le dijeron con gran alegría. Sin embargo, ella sabía que nunca entenderían completamente que Él podría aparecer ante ellos, ni cuál era la naturaleza de Su cuerpo resucitado en la Luz.

Una vez más, ella estaba sentada entre las mujeres. Mientras se ocupaban de las tareas domésticas, ella guardó algo para la Madre María. De repente, las voces de sus acompañantes sonaron sólo desde muy lejos en sus oídos. Apoyó la cabeza contra la pared desnuda del nicho de madera. La pequeña lámpara de aceite parpadeó intermitentemente y extendió la luz y las sombras en la habitación inferior. En una esquina, un gran fuego todavía ardía en el hogar debajo de la olla grande.

La claridad pacífica invadió gradualmente el espíritu de María Magdalena, y ella vio una sencilla habitación blanca en la que reconoció a los discípulos de Jesús. Estaban sentados alrededor de una mesa, pero no todos estaban presentes.

Ella los escuchó hablar del Señor. Ella vio una nube luminosa que estalló entre Juan y Pedro e inmediatamente tomó la forma radiante del Señor. Los discípulos hablaron con animación y no se dieron cuenta de la presencia de Jesús hasta que los tocó ligeramente. Finalmente, lo vieron de pie junto a ellos y se asustaron.

En cuanto a Él, mostró Sus heridas y dijo:

“Llevo estas heridas para ti, en memoria de lo que sucedió y para que puedas reconocerme mejor; de lo contrario, no sabrían quién soy hasta que les entregué el pan y el vino. ”

El sonido de la voz que amaban y conocían tan bien penetró profundamente en la mente de todos, como lo habían hecho en el pasado. Adiós que Jesús les había ofrecido.

“Bendigo este pan que te doy, como di mi cuerpo y como me entrego a todos aquellos que tienen hambre de pan celestial. Y bendigo para ti el vino que arde a la hora en que se cumple mi hora y cuando vuelvo al Padre en el Rayo celestial.

Ahora entiendes lo que te dije en el pasado con estas palabras:

Vengo de la Luz y regresaré a la Luz en el momento de la renovación de la Fuerza. Llevado en las olas de la Luz, entraré en el Reino de mi Padre. Y si me privaran de mi cuerpo terrenal antes del descenso de la Fuerza, tendría que esperar hasta que pueda reconectarme con el rayo divino hasta que el Padre me reciba en Él!

Te preparo para este evento, porque tendrás que vivirlo, tú , mi discípulo. Que la paz esté contigo. Así como el Padre me envió, ¡yo te envío a ti! ”

Como un destello blanco, un resplandor emanó de Su cuerpo entero cuando pronunció estas palabras, y de Sus manos levantadas los rayos se vertieron en la habitación. Se extendieron allí en delicadas olas, y los discípulos los sintieron penetrar su cabeza y su corazón como el aliento de Dios. Un silencio sagrado, la paz y la felicidad flotaron sobre ellos como un rayo de luz y los fortalecieron.

“¡Recibe la Fuerza del Espíritu Santo! Así sonó la voz del Hijo de Dios a través de estas ondas de Luz, y cada palabra era como un grano vivo de semilla que se levantó. Los rayos blancos se alzaban cada vez más. El techo de la habitación ya no era visible, ya que la luz era incandescente. Columnas y bóvedas blancas formaban una cúpula sobre el Hijo de Dios. A distancias infinitas, era como un mar de cristal, inmenso, blanco y claro como el cristal. Fue allí donde estaba la Santa Paloma, el Espíritu Santo de Dios, a quien el Hijo había prometido a sus discípulos.

La divina voz penetró profundamente en el alma de María Magdalena. Ella contempló este océano de movimiento y claridad sin poder captar la actividad ni la acción creativa de la Fuerza Divina. Pero lo que les fue prometido en esta hora por la voz divina, para ella y para los discípulos, se cumple.

Cada día les dio la oportunidad de experimentar nuevas experiencias y progresar en el conocimiento. A menudo, nuevamente, Jesús se les apareció, les habló y los llenó con la fuerza de Su Santa Palabra. Les ordenó que se quedaran en la ciudad de Jerusalén hasta el día de su transfiguración.

La naturaleza floreciente brillaba hacia el cielo y la ardiente y dorada luz del sol temblaba. Se escucharon voces jubilosas en el vasto jardín, en las alturas y en todo el campo.

Y en la paz del cielo azul, en la bendición de Dios derramando corrientes de luz, en el zumbido de los insectos y en el canto de los pájaros, el Hijo de Dios caminó por última vez en esta Tierra, caminando ante Sus discípulos.

Gracias a las imágenes vivientes que se le mostraron, María Magdalena vio a los discípulos seguir a su Señor, que los precedió en el camino a Betania.

Y les habló con amor. Le preguntaron sobre el reino de los mil años, pero Él los reprendió:

“No os conviene saber el momento y el tiempo que el Padre ha reservado para su poder. Recibiréis la fuerza de su Espíritu Santo y seréis mis testigos en Jerusalén “.

Estaban en una colina; resplandeciente, la silueta del Señor se destacó contra el cielo azul. Una luz blanca lo rodeaba en un gran círculo; Los rayos brotaron formando una cruz. En una blancura resplandeciente, este torrente de luz lo rodeó y, cada vez más y más brillante, el Señor se elevó lentamente sobre la Tierra.

Blanco y radiante, un rayo de Luz descendió del azul infinito del firmamento y se une con la Luz del Hijo de Dios y Sus ondas vivientes que se derivaron de la Fuerza Original de Su Padre y tocaron la Tierra regenerándola. El rayo de la Luz de Dios lo levantó y lo llevó a su origen. Las miríadas de chispas de luz que, como escamas brillantes, vivificaban el cosmos a esta hora, rodeaban el espíritu de quien veía ya quién se le había dado vivir este evento divino; luego se hundió en un sueño profundo.

Dos figuras luminosas llevaron al espíritu dormido de vuelta a su cuerpo terrenal y le dijeron al despertar:

“Espera al Espíritu Santo. ¡Él vendrá, así como Jesús, el Hijo de Dios, ha venido! “

Un fuego sagrado ardía en el espíritu de María Magdalena; él ardió alto, por lo que ella fue cegada. Al mismo tiempo, una fuerza se derramaba sobre la Tierra, como si desde los Cielos la Luz derramara todo su poder sobre la humanidad pecadora.

Una luz blanca pura irradiaba alrededor de los discípulos del Señor. La alegría vibraba en su círculo, al igual que un amor y una armonía que nada terrenal podía perturbar. Todos fueron animados por el pensamiento de que Jesús les había prometido la fuerza del Espíritu Santo, y su espíritu lo estaba esperando.

El odio a los humanos, que empezaban a perseguir lentamente a los seguidores del Nazareno, no los molestaba. Se creía que con el asesinato de Jesús, este movimiento habría terminado, y se esperaba que estos desagradables galileos, que engañaron a la gente, se hundieran en la discordia y fueran dispersados ​​por los vientos.

Pero cuando los fariseos y los eruditos se enteraron de que Cristo había resucitado, la ira, la decepción y el temor los vencieron. Es por esto que propagan calumnias maliciosas a los discípulos y siembran agitación donde pueden.

Para descubrir los hechos que podrían arruinarla, la pequeña comunidad que se había unido estrechamente fue espiada furtivamente.

Pero los discípulos fueron silenciosos, modestos y reservados. Sin embargo, el brillo luminoso que parecía emanar de sus cabezas aumentó durante esos días. Cualquiera que quisiera atacarlos perdió el coraje en su presencia o simplemente ya no tuvo la oportunidad de hacerlo. En cuanto a los discípulos, no atacaron a nadie. Gran confianza los habita. Si alguien viniera a pedir ayuda o consejo, él siempre iría a casa reconfortado y reconfortado.

Cuando estaban juntos, nadie podía interferir en su círculo, que estaba sólidamente unido y que a menudo incluía a más de cien miembros.

Cuanto más se acercaba el día del descenso de la Fuerza del Espíritu Santo, más fuerte era la vibración de la Fuerza en su círculo. Las mujeres también estaban a menudo con ellos ahora: María, la madre de Jesús, Marta y María, las hermanas de Lázaro, y María Magdalena. Los últimos vivieron en una tensión permanente. Su ojo espiritual estaba aún más abierto; ella sintió la llegada de un logro que estaba de acuerdo con las leyes vigentes en la Creación y que ella todavía no entendía.

El despertar y la renovación de la naturaleza siempre habían sido una fiesta para ella. Ella los sintió como un regalo de Dios que el mundo disfrutaba cada año. En el pasado, hizo ofrendas a los dioses de la primavera y celebró la festividad judía en memoria del éxodo de Egipto. Fue en este momento que su madre, la naturaleza, siempre le ofreció sus mejores regalos. El alma de María Magdalena estaba llena de gozo, alegría, gozo y gratitud hacia el Altísimo, pero al mismo tiempo se llenó de una dolorosa nostalgia que nunca tuvo. Se las arregló para cazar y ella tampoco lo había entendido.

Año tras año, desde su temprana juventud hasta el momento en que más había sufrido, este período siempre había sido el más solemne, pero también el más difícil; Le obligó a reflexionar profundamente y fortaleció su nostalgia. A lo largo de su vida terrenal, esta edad había sido para ella un peso impuesto por el destino; ahora se había convertido en la del renacimiento de su espíritu.

El espíritu luminoso que provenía de las Alturas más sublimes y que ahora se había convertido en su guía, a menudo comunicaba a sus exhortaciones o mensajes que tenía que transmitir a los discípulos.

Así, también anunció la hora y el día en que todos deben estar en perfecta armonía. María Magdalena tuvo la impresión de caminar sobre las nubes. El aire estaba lleno de aromas dulces y maravillosos, y las flores y las hierbas brillaban como si reflejaran la luz del cielo. Ella fue a ver a la Madre María y le contó este mensaje, así como a Juan. Alegría y paz estaban con ellos.

Y llegó la hora de cumplimiento. Todos se reunieron en una hermosa sala circular que Marco el romano había puesto a su disposición para las horas de meditación en común. Las losas del piso estaban despejadas, y las paredes también eran brillantes. En los nichos de esta sala, las mujeres habían arreglado grandes racimos de flores en grandes jarrones de cerámica blanca.

La habitación se hinchó hacia arriba para formar una pequeña cúpula rodeada por una terraza con flores. La casa estaba en medio de un tranquilo jardín rodeado de altos muros. Estaba completamente deshabitada y casi desconocida.

Tal silencio reinó alrededor, ya que se podían escuchar los pétalos de flores cayendo de las ramas. No había un soplo de aire. La calma del mediodía se cernía sobre los techos de Jerusalén, que en cualquier otro momento se sumió en una agitación incesante.

Cuando todos se reunieron y se reunieron en un gran círculo alrededor de los discípulos, un rugido vino del cielo. Un viento tormentoso silbó alrededor de la casa. Las lámparas pegadas a las paredes y las flores que adornaban la habitación se sacudieron violentamente.

Los asistentes se sentaron en una espera silenciosa, en la elevación de sus mentes que buscaban al Señor y adoraban a Dios.

Una Fuerza radiante los envolvió de una manera tangible. Rodeado por círculos de luz que se ensanchaban a medida que se acercaban, resplandecientes con la luz, la paloma se inclinó hacia la postcreación. Los discípulos abrieron sus mentes con alegría y, en el camino de las corrientes divinas, la Fuerza del Espíritu Santo descendió sobre ellos.

Toda la habitación era sólo una llamarada dorada. En la parte superior brillaba un círculo radiante de luz blanca en el que la Voluntad de Dios había tomado forma: la paloma sagrada.

La Madre María recordó con gratitud el día que se le anunció la venida de Jesús. Ella sintió la fuerza y ​​el amor de Dios nuevamente como lo había sentido en esta hora sagrada. Al mismo tiempo, una luz flamígera se alzó sobre todas las cabezas y los seres humanos comenzaron a alabar al Señor y a agradecerle.

La Luz de Dios los había penetrado, ella se había iluminado y los había llamado. Ahora estaban listos para anunciar al mundo la Palabra de su Dios y Señor.

La calma había regresado a la casa y hacia la inmensidad del cielo. El rugido se había detenido. Los seres humanos, espiritualmente cumplidos, oraban ante su Dios y Señor.

Cuando abrieron las puertas para ir a casa, una multitud de personas que no conocían rodeaban la casa. A lo lejos, habíamos oído el rugido del huracán y vimos la luz cegadora que venía del cielo.

La gente se sorprendió enormemente cuando escucharon a los discípulos, llenos de la fuerza y ​​el poder de la Palabra, hablar de Jesús en voz alta y cantar Sus alabanzas con ojos radiantes.

Sacudieron la cabeza y pensaron:

“Bebieron demasiado vino”.

Pedro fue capturado por la fuerza del amor y la alegría. Por primera vez, les dijo el mensaje del Señor y les prometió la Iluminación por la Fuerza del Espíritu Santo en el bautismo. Y muchos fueron,  en cuanto a la madre María, se fue a casa con Juan. Quería comenzar una nueva vida al servicio de Dios.

Así llegó para los discípulos la hora de la separación. La Fuerza del Espíritu instó a todos al lugar que el Señor había escogido para él, y ellos difundieron la Luz de Dios entre los pueblos.

La fuerza del Espíritu Santo levantó a María Magdalena en los Altos de la Luz. Tenía la impresión de despertar a una nueva existencia en otro nivel.

Seguirá….

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“La  traducción del idioma francés al español puede restar fuerza y luz a las palabras en idioma alemán original …pido disculpas por ello”

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