Vida después de la Muerte

«¡Soy Vida! Soy un mar de agua encerrado en esta bolsa membranosa»…

 

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“En este vacío de cognición superior y detalles acerca de mi vida normal [tras padecer el ictus], mi conciencia ascendió a un estado de “saberlo todo”, de “ser uno” con el universo…

«¡Soy Vida! Soy un mar de agua encerrado en esta bolsa membranosa»…

En lugar de un flujo continuo de experiencia que se pudiera dividir en pasado, presente y futuro, cada momento parecía existir en perfecto aislamiento…

Y estando así sumida en las profundidades de la falta de temporalidad mundana, los límites de mi cuerpo terrenal se disolvieron y me fundí con el universo…

Aceptada dentro de un capullo sagrado con una mente en silencio y el corazón tranquilo,sentí que la fuerza de mi energía se elevaba. Mi cuerpo cayó inerte y mi conciencia ascendió a una vibración más lenta…

Sentí que mi espíritu renunciaba a su unión con este cuerpo y quedé liberada del dolor.

“Me sentía como un genio liberado de su botella…
Esa ausencia de límites físicos, mejor que el mejor de los placeres que podemos experimentar como seres físicos, era una beatitud gloriosa… Aquel día especial aprendí el significado de simplemente «ser»…

“Toda mi concepción del yo cambió, porque ya no me percibía a mí misma como un individuo, un sólido, una entidad con contornos que me separaban de las entidades que me rodeaban.

Comprendí que en lo más elemental soy un fluido…

Mi Alma era tan grande como el universo y se regocijaba alegremente en un mar sin límites… En algún lugar en el fondo de mí había un ser jubiloso.

“Percibía a la gente como paquetes concentrados de energía”.

Dra Jill Bolte Taylor

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